Por Samuel Ramani*
El 30 de enero, los diálogos en Sochi sobre el futuro político de Siria llegaron a una frustrante conclusión. A pesar de que los políticos rusos estaban optimistas sobre el hecho de que el escenario de Sochi pudiera promover el diálogo entre los partidarios del presidente sirio Bashar al-Assad y las facciones de oposición siria, las dos oposiciones suníes y las fuerzas nacionalistas kurdas boicotearon los diálogos.
Mientras las conversaciones de Sochi se rompían solo semanas después de que los procesos de Astana y Ginebra fallaran en aliviar las tensiones entre las partes en conflicto en Siria, las perspectivas para la rápida implementación de un acuerdo de paz sirio parecen remotas. Esta lúgubre evaluación se confirma por la falta de voluntad de las facciones pro-Assad y pro-oposición para aceptar una desescalada militar y la gran cantidad de intereses en conflicto dentro de estas coaliciones que obstaculizan el desarrollo de un acuerdo de paz viable.
A pesar de que la formación de zonas desmilitarizadas en Siria el pasado mes de septiembre tuvo el apoyo internacional, ambos bandos han violado los acuerdos por combatir amenazas de seguridad percibidas. En semanas recientes, Rusia e Irán han intensificado sus ataques contra los blancos de la oposición en Idlib y han justificado esas actividades militares bajo la razón de que un desescalamiento genuino del conflicto sirio solo puede ser alcanzado una vez que el frente al-Nusra sea vencido.
Algunas facciones kurdas como las milicias del PYD y del YPG han obstaculizado los esfuerzos internacionales de crear una zona de desescalamiento en la región norte de Siria, Afrin. Estas políticas de obstrucción causaron que el ejército turco interviniera en Afrin para asegurar la frontera de Turquía con Siria. Para complicar aún más las cosas, las facciones más importantes de la oposición siria se han negado a aceptar un acuerdo político que incluya a Assad y han intentado preservar los territorios que aún están bajo su control, mediante el uso de la fuerza militar.
Incluso, si las facciones pro-Assad y pro-oposición concluyen eventualmente que sus objetivos no pueden ser alcanzados mediante la fuerza militar únicamente y aceptan un cese al fuego, diferentes intereses dentro de esas facciones probablemente bloquearán la implementación de un factible acuerdo de paz sirio.
Dentro del bloque pro-Assad, los legisladores iraníes e iraquíes no están de acuerdo sobre cómo debería ser el sistema político de la posguerra civil de Siria. Rusia quiere establecer un sistema federal que reconozca el control de Assad sobre las grandes ciudades, mientras que le da a los nacionalistas kurdos y a las facciones suníes seleccionadas autonomía sobre sus zonas de influencia. El Gobierno iraní se opone a este compromiso, ya que rechazan la legitimidad de cualquier acuerdo político que no reconozca el control de Assad sobre todo Siria.
Entre los actores anti-Assad, hay desacuerdos similares sobre ideas y balance de poder dentro del reconstruido Estado sirio. Aunque Estados Unidos ha aceptado periódicamente que Assad desempeñe un papel en el proceso de paz, Washington lo ve como un representante iraní y es probable que continúe llevando a cabo acciones militares para evitar que Assad recapture territorio sirio adicional. Turquía comparte la perspectiva de Washington sobre la ilegitimidad de Assad, pero se opone al apoyo militar de EEUU a las facciones kurdas y la creación de un enclave kurdo autónomo en Rojava.
También es improbable que el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) presente un frente unido durante el acuerdo de paz de Siria. La orientación pro-secular de Emiratos Árabes Unidos puede hacer que esa nación se oponga a un acuerdo político que ceda autoridad política sustancial a las facciones de la Hermandad Musulmana siria.
Mientras Arabia Saudita y Catar continúan apoyando el derrocamiento de Assad mediante la fuerza militar, es poco probable que participen en procesos de paz que incluyan a Assad. Si Riad y Doha se abstienen del proceso de arbitramento, muchas facciones suníes boicotearan el acuerdo de paz e intentaran descarrilar su implementación usando la violencia política.
La inverosimilitud de un acuerdo de paz que se acomode a los intereses de todas las partes en el conflicto sirio asegura que el resultado más probable a largo plazo en Siria es el establecimiento de un conflicto congelado. Este escenario le puede dar la hegemonía política a Assad sobre la mayoría del territorio sirio y puede convertir la guerra civil en un conflicto de menor intensidad con violencia más esporádica.
Sin embargo, el verdadero poder político de Assad sería limitado, ya que tendría que defender constantemente su autoridad contra los insurgentes suníes que apuntan a debilitar su poder y el poder kurdo.
El establecimiento de un conflicto congelado en Siria influenciará el ambiente geopolítico de Oriente Medio de tres formas. Primero, Rusia emergerá como el garante en jefe de la estabilidad y la unidad de Siria. Un escenario de conflicto congelado puede proteger la base naval rusa en la ciudad siria de Tartus y la base aérea de Khmeimim, dándole a Moscú considerables recursos para proyectar poder en Siria. Si surgieran disturbios populares en Siria, Rusia probablemente utilizaría su presencia militar para fortalecer la posición de Assad, mientras usa la diplomacia para evitar la escalada del conflicto sirio de nuevo en una compleja guerra civil. Moscú ha podido mantener este delicado equilibrio en otras zonas de conflicto congeladas como Nagorno-Karabaj y Ucrania Oriental, y está bien equipada para lograr un resultado similar en Siria.
En segundo lugar, es probable que un conflicto congelado haga de Siria un representante en la lucha entre Arabia Saudita e Irán por el dominio regional. Como Riad permanece firmemente opuesto a la retención del poder de Assad, Arabia Saudita podría proporcionar apoyo financiero a las facciones de la oposición sunita en Siria que rechazan la legitimidad de Assad y desdeñan la hegemonía de Irán sobre el sistema político de Siria. Estas facciones de la oposición de línea dura podrían usar el apoyo financiero saudita para instigar a una insurgencia en las regiones ocupadas por el régimen de Assad.
Si Assad lucha para contener unilateralmente la violencia sectaria en Siria, es probable que Irán participe en una intervención militar dirigida en nombre de Damasco. Cuando una intervención iraní para apoyar a Assad drene a Teherán de recursos militares críticos y provoque disturbios de los aislacionistas en su país, Arabia Saudita explotará el frágil poder de Assad para debilitar a Irán y desafiar la influencia de Teherán sobre otros Estados de Oriente Medio.
Y por último, implementar un acuerdo de paz que otorgue a los territorios kurdos de Siria autonomía de facto sin reconocimiento legal podría crear un estado permanente de inestabilidad en la frontera norte de Siria con Turquía. Para proteger esta frontera volátil, los militares turcos podrían necesitar realizar intervenciones militares periódicas en Siria que se asemejen a su operación de 2015 contra las facciones del PKK en el este de Turquía. Como las represalias de YPG contra la intervención militar de Ankara en Afrin han causado bajas civiles en Turquía, el gobierno turco probablemente se verá obligado a militarizar su frontera con Siria para evitar futuros ataques terroristas.
Aunque la comunidad internacional ha lanzado numerosos procesos de paz para atraer a las facciones rivales sirias a la mesa de negociaciones y lograr un acuerdo político duradero, la falta de voluntad de ambas partes para reducir sus campañas militares y los intereses competitivos entre actores internacionales rivales han obstaculizado estos esfuerzos. Dado que parece cada vez más improbable que se establezca un consenso internacional sobre cómo debería ser una Siria reconstruida, la guerra civil siria está lista para la transición a un conflicto congelado. Esta trayectoria asegurará que Siria siga siendo un estado frágil y un nexo de inestabilidad en el Medio Oriente en los años venideros.
*Candidato a doctorado en Relaciones Internacionales del St. Antony’s College en la Universidad de Oxford. También contribuye para el Washington Post y The Diplomat.
**Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no reflejan la política editorial de la Agencia Anadolu.
*María Paula Triviño contribuyó con la redacción de esta nota.
news_share_descriptionsubscription_contact
