Selim Celal
El ocho de mayo de 2018 Estados Unidos se retiró del Plan Integral de Acción Conjunta (PIAC), el cual fue firmado entre Irán y seis potencias mundiales en el 2015 –EEUU, Reino Unido, Francia, China, Rusia y Alemania. De acuerdo con el pacto, la república islámica acordó congelar sus actividades nucleares hasta el año 2031 a cambio del aligeramiento y remoción de algunas de las sanciones internacionales en su contra.
Desde su inicio, el PIAC tenía simpatizantes y detractores. En EEUU la mayoría de los republicanos se opusieron al acuerdo mientras los demócratas lo apoyaron. En Irán, las fuerzas reformistas moderadas lo apoyaron, mientras los ortodoxos, incluyendo la Guardia Revolucionaria Islámica (GRI) tuvieron reservas al respecto. Por otra parte, fuerzas de la oposición iraní, con sede en el exterior, se opusieron al acuerdo. Creían que este le daría nueva vida a la república islámica, la cual estaba, según ellos, a punto de colapsar. A la larga lista de enemigos del acuerdo debemos agregar a Israel, Arabia Saudita y otros países árabes vecinos.
El retiro de EEUU no fue una sorpresa. Fue parte de las promesas hechas por Trump durante su campaña presidencial en 2016. Ahora las preguntas son: ¿Qué significa el retiro de EEUU?, ¿Puede el acuerdo sobrevivir sin EEUU? Si no, ¿Quién es el culpable? Para responder estas preguntas debemos partir de los motivos del presidente Trump para retirarse del acuerdo.
Es fácil explicar la decisión de retiro de Estados Unidos como una decisión tomada por un presidente impredecible, pero la realidad es que Donald Trump fue inaugurado como presidente en enero de 2017. Esperó más de 16 meses antes de retirarse del acuerdo, cuando se vio desilusionado con este y lo consideró contraproducente. Aunque el PIAC puede desacelerar las actividades nucleares de Irán, no trajo un cambio substancial al comportamiento del país en general. Al contrario, poco después de firmar el acuerdo, la GRI inició su programa de misiles a largo alcance, en contravención a la Resolución 2231 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, la cual prohíbe a Irán desarrollar programas balísticos durante ocho años.
El acuerdo tampoco trajo beneficios a la economía iraní a pesar de facilitar el flujo inmediato de millones de dólares, que hasta entonces permanecían congelados en EEUU. En vez de esto, el dinero fue invertido en la GRI para el proyecto ‘Media Luna Chiita’. Mientras John Kerry, entonces secretario de Estado, había dicho durante la firma del acuerdo que este haría más manejable por Oriente Medio el excesivo involucramiento iraní en la región, de Yemen a Siria e Irak y más allá. Sin embargo complicó aún más la situación.
Fue por esto que la posición de los líderes de la Unión Europea era muy débil para convencer a Trump de permanecer en el pacto. No podían negar el involucramiento de Irán en Yemen, Siria, Afganistán o Irak ni su programa balístico.
De hecho, durante la negociación del PIAC, EEUU y sus aliados de la UE fueron considerablemente indulgentes hacia la República islámica. Su intención era marginar a los ‘ortodoxos’ en Irán mediante el reforzamiento de la posición del presidente Rouhani y las fuerzas ‘reformistas moderadas’. A causa de esto, ignoraron un punto importante, que hay entendimiento entre los moderados y los ortodoxos tras bambalinas, ya que sus raíces ideológicas son las mismas.
Más importante que esto, EEUU y la UE no se dieron cuenta que mientras observaban diplomacia convencional (basada en dar y quitar), el comportamiento diplomático de Irán estuvo salpicado de ‘taqiyyah’ (simulación cautelosa), un elemento clave en el pensamiento político chiita. En su libro Años de Impostura y Decepción, Mohammed Elbaradei, el exdirector de la Agencia Internacional de Energía Atómica, tiene un capítulo entero titulado “El Acertijo de la Taqiyyah”, en el cual explica cómo este principio fue usado por las administraciones del presidente reformista Muhammad Khatami, y cómo llevó a la ruina cada acuerdo sobre el tema nuclear iraní. Poniendo todas las piezas juntas, se puede argumentar que la República islámica es la responsable del fallo del PIAC.
Poco después del retiro de EEUU, se dieron fuertes declaraciones por parte de líderes de la UE en contra de la decisión unilateral de EEUU. Han tranquilizado a Irán sobre su compromiso con el acuerdo con o sin los EEUU y esto hizo que muchos analistas dijeran que se estaba gestando una fractura entre EEUU y sus aliados europeos, lo cual podría ponerle fin a la hegemonía global estadounidense.
Aunque se puede argumentar la tesis de Paul Kennedy sobre el “auge y caída de las grandes potencias” y esperar un orden global libre de hegemonía estadounidense, no parece posible que esta era llegue pronto. Como dice un proverbio del sur de Asia: “toma días enterrar a un elefante así esté muerto”. Incluso si sucede, no tendrá nada que ver con el PIAC, ya que la división actual entre EEUU y sus aliados europeos no es de naturaleza estratégica, sino técnica. Existe un consenso entre EEUU y la UE de que el acuerdo está repleto de limitaciones. La única diferencia es que EEUU quiere destruirlo y renegociarlo, mientras que la UE quiere dialogar con Irán para mejorar el acuerdo vigente.
Mientras los esfuerzos de los líderes de la UE para mantener el acuerdo pueden ser apreciados, la triste realidad es que la política no se basa en esperanzas y deseos sino capacidades y recursos. Podría ser útil entender el futuro del acuerdo en el contexto de la siguiente analogía: un grupo de personas planearon una salida de camping. Ahora, uno de ellos se retiró, mientras los otros siguen interesados. Pero el problema es que el individuo que se retiró tiene todo el equipo de camping, incluyendo el vehículo donde se iban a transportar. Con EEUU afuera del PIAC el acuerdo perdió su motor y la UE, por más sincera que sea, no puede cumplir sus promesas.
La UE no puede luchar con el mercado y obligar a sus compañías a hacer negocios con Irán. Adicionalmente, los administradores de estas compañías no tomarían este riesgo, pues deben responder a sus inversores. Esto es particularmente cierto para las compañías europeas con varios inversionistas estadounidenses.
Dicho esto, los acontecimientos en EEUU indican que su retiro no fue una decisión individual. Hizo parte de un plan más grande. Su siguiente episodio fue revelado el 21 de mayo por Michael Pompeo, durante su primer discurso como secretario de Estado de EEUU. Impuso 12 exigencias y prometió que si Irán no cumplía, “las picaduras de las sanciones serán dolorosas” para este país.
Estas peticiones molestaron a los líderes iraníes. Pocas horas después del discurso de Pompeo, el presidente Hassan Rouhani reaccionó diciendo: “Ese tipo que trabajó en una agencia de espías durante años, ahora en capacidad de secretario de Estado de EEUU, quiere tomar una decisión en nombre de todos los países, eso es inaceptable”.
Tres días más tarde, el líder supremo redactó una lista de exigencias para la UE y amenazó que Irán se retiraría del acuerdo si estas no son cumplidas. Sin embargo, las realidades en el terreno sugieren que estas declaraciones fueron solamente retóricas, demostrando que la República islámica está en su posición más débil. Económicamente, está al borde de la bancarrota y su moneda se deprecia cada vez más. Políticamente, aún no puede controlar por completo el descontento social que sacudió al país meses atrás. Por lo tanto, las opciones para el liderazgo iraní son limitadas. El líder supremo prometió que, si el presidente Trump llegase a rasgar el acuerdo, la república islámica lo quemaría. Pero en vez de esto, solo quemaron la bandera de EEUU en el parlamento. Por otra parte, el ministro de Relaciones Exteriores de Irán empezó una campaña diplomática para asegurar a los líderes de la UE que Irán está listo para cumplir con el acuerdo, incluso en ausencia de EEUU.
Aunque los líderes iraníes descartan la posibilidad de un acuerdo bajo nuevos términos, la historia de la República islámica sugiere lo contrario. Su único problema es que no son buenos tomando las decisiones correctas en los momentos indicados. Por ejemplo, durante los primeros años de la Guerra Irán-Irak, el Ayatola Khomeini rechazó la oferta del mundo árabe de un armisticio a cambio de compensación. Pero después de ocho años se contentó con un cese al fuego con menores ganancias, considerando su decisión como “más mortífera que tomar veneno”. De manera similar, Irán gastó millones de dólares durante casi dos décadas y su economía nacional sufrió las fuertes sanciones internacionales; solo entonces, el líder supremo ordenó la “suavidad heroica” (narmish e qahremananih). Por lo tanto, puede que los líderes iraníes se resistan inicialmente a la oferta de EEUU de un nuevo acuerdo, pero estarán listos para otro acto de “suavidad heroica” cuando se convenzan que esto podrá añadir algunos años más de vida a Irán. Después de todo, su guía principal es el decreto del Ayatola Khomeini: “salvaguardar el sistema político islámico es la obligación suprema”.
*Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no reflejan la política editorial de la Agencia Anadolu.
*Ahmed Fawzi Mostefai contribuyó con la redacción de esta nota.
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