Por: Andreína Itriago
Tras el asesinato del periodista saudí Jamal Khashoggi, en el consulado de su país en Estambul, Turquía, aquello de que el silencio vale más que mil palabras ha cobrado vigencia, sobre todo en América Latina.
La falta de reacción del gobierno venezolano es particularmente llamativa, debido al fortalecimiento que ha habido en los últimos meses de su relación con el gobierno turco, cuyo presidente, Recep Tayyip Erdogan, ha sido enfático al condenar lo que ha considerado un “crimen político”, “salvaje” y “premeditado” del columnista del diario estadounidense The Washington Post.
“La relación (de Venezuela) con Arabia Saudita es esencial como el principal miembro de la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo). Son los intereses petroleros”, explica a la Agencia Anadolu el internacionalista venezolano y exembajador de Venezuela ante la Organización de Naciones Unidas (ONU), Emilio Figueredo.
De acuerdo con el exdiplomático, Venezuela, que reporta una producción diaria de 1 millón 500 mil barriles de petróleo -pese a que autónomos aseguran que es de 1 millón 100 mil barriles diarios-, no quiere ganar un conflicto adicional con Arabia Saudita.
“Es un juego de equilibrio en el que ellos no quieren en ningún sentido enardecer a los árabes... Lo que predomina en las relaciones internacionales es la hipocresía, desgraciadamente”, acota Figueredo.
Venezuela, además, vivió un escándalo interno propio a principios de mes luego de que un concejal opositor muriera bajo custodia del cuerpo de inteligencia en sus oficinas en Caracas. La versión oficial habla de un suicidio mientras que extraoficialmente se dice que fue asesinado por los funcionarios policiales y lanzado por una ventana.
En cualquier caso, voceros del Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ, por sus siglas en inglés), al ser interrogados por la Agencia Anadolu sobre la falta de respuesta de los gobiernos latinoamericanos, insistieron en el mensaje que han reiterado por distintas vías en las últimas semanas: “Es importante que los países hablen sobre el caso y es necesario que se hagan múltiples esfuerzos en distintos frentes”.
Junto con otras organizaciones como Human Rights Watch, Amnistía Internacional y Reporteros sin Fronteras, CPJ ha solicitado a la ONU establecer una investigación internacional del caso. También pidió al Departamento de Estado de los Estados Unidos hacer una investigación preliminar.
Sin embargo, la reacción del gobierno de EEUU, así como la de otros países del mundo, también ha estado influenciada por intereses económicos.
Periodistas en la mira
Lo complicado del caso Khashoggi es que enfrentaría a países por causas que todos vulneran, en mayor o menor medida. “Cada uno de los gobiernos del mundo podrían hacer más para proteger la libertad de prensa”, declaró Kerry Paterson, responsable de comunicaciones del CPJ, en una sesión a principios de octubre en el Centro de Prensa Extranjera de Nueva York, Estados Unidos, en donde la Agencia Anadolu estuvo presente.
El del periodista Khashoggi, según recuentos del CPJ, es el asesinato número 28 de periodistas en el mundo, en lo que va del año. En 2017 se registraron 10. Y estos números excluyen a los profesionales de la prensa que han muerto en combate y en asignaciones peligrosas.
Este año, la mayoría -diez- ha caído en Afganistán, seguido por países como Estados Unidos y México, con cuatro periodistas asesinados en cada uno, e India, con tres.
Desde junio de 2017, cuando Mohammed bin Salman se convirtió en príncipe heredero, el CPJ advirtió una intensificación de la represión contra las voces disidentes en Arabia Saudita, incluidas las de periodistas.
“La desaparición de Khashoggi se produce después de más de un año de arrestos a periodistas que informaron sobre la corrupción, los derechos de las mujeres y otros temas delicados. Varios están recluidos en lugares desconocidos, sin cargos”, alertaron en un comunicado de prensa emitido el pasado 18 de octubre.
Desde 2015, cuando el CPJ ubicó a Arabia Saudita como el tercer país del mundo con más censura, la organización había advertido de una intensificación progresiva de la represión legal desde la Primavera Árabe.
El 2 de octubre de 2018, Khashoggi ingresó al consulado de su país en Estambul, Turquía, para completar un trámite con miras a celebrar su matrimonio con su novia turca, Hatice Cengiz. Tras haber estado desaparecido por varios días y luego de varias contradicciones del gobierno saudí, finalmente reconocieron el 19 de octubre que el periodista había muerto en un presunto enfrentamiento dentro de las instalaciones consulares.
El gobierno de Turquía ha aportado la mayor cantidad de información del caso. Esta semana, Erdogan exigió a Arabia Saudita saber dónde está el cuerpo del periodista y la extradición de los 18 detenidos por el asesinato del periodista.
Khashoggi había huido de Arabia Saudita en septiembre de 2017 y escribía artículos críticos sobre la monarquía de este país desde los Estados Unidos. Según Paterson, del CPJ, la mayoría de los periodistas que figuran en sus registros alrededor del mundo son comunicadores locales que contrarían los deseos de sus gobiernos de controlar la información.
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