Mehmet Burak Karacaoğlu,Ahmet Karaahmet
04 Junio 2021•Actualizar: 04 Junio 2021
Rakan Feris, un niño sirio de 10 años de edad, perdió su antebrazo derecho en un ataque aéreo del régimen sirio en 2017. Desde entonces, su único deseo es obtener una prótesis.
En declaraciones a la Agencia Anadolu con motivo del Día Internacional de los Niños Inocentes Víctimas de Agresión, Feris cuenta que vive en un campamento en la localidad de Ma'arrat Misrin, en la provincia de Idlib.
Luego de resultar herido, Feris relata que fue trasladado a Turquía. “Perdí mi brazo. En mi cuerpo había trozos de metralla”, lamenta el niño.
El niño sirio dice que no estudia porque su situación económica no se lo permite. “Sustento a mis hermanos recogiendo plásticos”, dice.
Fawziya Feris, la hermana de Rakan, tiene nueve años y también perdió un brazo en el mismo ataque. “Sueño con abrir una tienda para poder vivir como los demás y sustentar a mi familia”, indica Fawziya.
La madre de los niños, Juziya Feris, cuenta que en el momento del ataque se encontraban en casa y señala que sus tres hijos resultaron heridos, mientras que la casa quedó destrozada por completo.
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“Los nervios de mi hija pequeña, Rima, resultaron dañados. Si se opera podría recuperarse, pero la operación es muy cara”, afirma Juziya.
“Lo único que quiero es paz para mis hijos, que tengan un hogar. Antes vivíamos de la ganadería. Si tuviéramos nuestros animales podríamos vender su leche y cubrir nuestras necesidades. No quiero que mis hijos dependan de nadie”, dice Juziya.
Siria está inmersa en una cruenta guerra civil desde principios de 2011, cuando el régimen de Assad reprimió las protestas prodemocráticas con una ferocidad inesperada.
Desde entonces, cientos de miles de personas han muerto y más de 10 millones han sido desplazadas, según las estimaciones de la ONU.
*Traducido por Daniel Gallego.