Juan Pedro Lares no está detenido. En ningún registro oficial aparece su nombre como prisionero en alguna cárcel venezolana. Juan Pedro, sin embargo, no está en su casa. Existe una foto suya con los brazos en alto, custodiado por la Guardia Civil de Venezuela, tomada el día en que desapareció.
El 30 de julio de 2017, efectivos de la Guardia Civil y miembros de las milicias bolivarianas entraron a su casa por la fuerza. Su madre, Ramona, y su hermano menor, Jesús, decidieron subir al segundo piso y escapar por la parte trasera de la vivienda. Buscaban a su padre, Omar, alcalde de Campo Elías, Mérida, y opositor al gobierno de Nicolás Maduro. Juan consideraba que no tenía por qué esconderse. Fue aprehendido por miembros de la fuerza pública.
La madre de Juan Pedro lo volvió a ver el 13 de agosto pasado cuando, en compañía del vicecónsul de Colombia en Caracas –Juan tiene doble nacionalidad: colombiana y venezolana–, lo visitó en la imponente cárcel del Helicoide, un suntuoso edificio que fue proyectado en la década del cincuenta para ser un lujoso centro comercial y terminó convertido en penal. Para el Sebin (Servicio Bolivariano de Inteligencia), no obstante, Juan no es un recluso del centro penitenciario.
De Juan Pedro se dice que es un joven calmado de 23 años. Ramona lo describe como una persona apolítica que se interesa más en sus negocios y en su novia. Se dedicaba a manejar un autolavado que estableció en la parte trasera de la casa de sus padres. Vivía tranquilo.
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En Venezuela hubo 5.341 arrestos arbitrarios entre el 1 de abril y el 31 de agosto de 2017, según datos de la Ong Foro Penal Venezolano (FPV). Las detenciones se han practicado en el 90% de los casos sin que medie una orden judicial y los retenidos han sido incomunicados de sus familias sin que exista información oficial sobre su paradero.
La jurisdicción penal militar ha procesado a 726 de los ciudadanos arrestados, una práctica denunciada como inconstitucional por el FPV. La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas (ACNUDH) sostiene que el juicio a civiles por tribunales castrenses es una trasgresión al debido proceso.
“La aplicación de la justicia militar para juzgar a civiles se tradujo en graves violaciones del derecho del acusado a un juicio justo, incluido el derecho a ser juzgado por un tribunal competente, independiente e imparcial establecido por la ley”, señaló la ACNUDH en un informe publicado sobre la situación de los DDHH en Venezuela.
La ACNUDH sostiene que las detenciones son practicadas de forma sistemática y son realizadas por cuerpos de seguridad del Estado. Están focalizadas en contra de un determinado grupo poblacional, considerado de oposición al Gobierno.
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Omar Lares fue elegido alcalde de Campo Elías, Mérida, el 8 de diciembre de 2013. Desde un principio se declaró opositor al chavismo. En 2005 recibió tres disparos en el pecho y en el 2010 su casa fue registrada y sus pertenencias fueron robadas y quemadas por el que, él asegura, era un grupo de civiles armados.
“A mí siempre me han querido asustar, me han atacado a mí y a mi familia (…). Yo he denunciado a las autoridades siempre que ha pasado algo, pero pues por ser como soy, por decir las cosas como son y con nombre propio, pues no pasa nada”, afirmó Lares a la Agencia Anadolu en una entrevista.
La FPV asegura que en Venezuela existen 590 presos políticos, el 95% no tiene una condena y sus procesos sufren constantes dilaciones; 29 han sido juzgados y condenados.
Omar asegura que Juan Pedro fue “secuestrado” por ser el hijo de un opositor al Gobierno. “Mire, a mí me han quitado muchas cosas por estar en desacuerdo con cosas que pasan, pero de todo lo que en verdad me duele es que se lleven a mi hijo, que no tiene nada que ver con lo que yo hago”, afirmó.
El día que se llevaron a Juan Pedro, era a Omar a quien querían detener. El alcalde asegura que en la mañana del 30 de julio empezaron a correr rumores de que el anterior burgomaestre, el oficialista Pedro Álvarez, estaba organizando un grupo para detenerlo.
Al ser avisado, Omar se puso a salvo. Lares y su familia pensaron que solo irían tras él. Los cerca de 100 agentes del Servicio Bolivariano de Inteligencia, la Policía Nacional Bolivariana, la Guardia Nacional Bolivariana y civiles armados, al no encontrarlo, se llevaron a Juan Pedro.
“Su único pecado es llevar mi sangre. Y ¿ahí cómo hacemos?, ¿se la sacamos?”, concluyó Omar alterado.
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“Tengo angustia, algo le debe estar pasando. Tengo que sacarlo de allá”, dice Ramona refiriéndose a su hijo, Juan Pedro, mientras se sienta a conversar con la Agencia Anadolu.
Ramona solo ha podido ver a Juan Pedro una vez desde el 30 de julio en el que desapareció. Se enteró de que a su hijo se lo habían llevado ese día en un helicóptero a Caracas por medio de conocidos que trabajan en lugares clave del Sebin.
Juan Pedro estaba recluido en el Helicoide, según le informaron allegados a Ramona. Siempre que intentó preguntarles a las autoridades por su situación, le negaban que estuviera allí.
“Yo tengo doble nacionalidad y también soy colombiana y eso ayudó”, indicó Ramona al asegurar que gestiones diplomáticas de Bogotá lograron que pudiera visitar a su hijo.
Manuel Tibocha, vicecónsul de Colombia en Caracas, y un abogado la acompañaron a la prisión para que se pudiera reunir con su hijo. “No me dejaban entrar, solo pudo entrar el abogado, pero por suerte en un descuido, un funcionario, que no puedo nombrar, me dejó pasar a una sala a verlo”, contó Ramona.
La madre narró que atravesó una gran puerta negra metálica y entró a un pequeño salón. Allí la hicieron sentarse en una silla frente a una fría mesa de aluminio. Una puerta se abrió y entró Juan Pedro.
“Allí estaba mi hijo (...). Me decía angustiado `sácame mamá, sácame´. Pero ¿y yo cómo lo voy a sacar de allá?”.
Ramona contó que su hijo le describió cómo lo golpearon antes de llevarlo al Helicoide. Una vez allí, le aseguró, nadie lo había tocado pero estaba desesperado por el encierro que no comprende por qué merece.
“Mire, yo no sé qué voy a hacer, pero no puedo dejar a mi hijo allá, él me pidió que lo sacara. Tengo que sacar a mi hijo de allá”, puntualizó Ramona con una notable angustia y cansancio en su mirada.
Y mientras tanto Juan Pedro no aparece en los libros de la Sebin.
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