Susana Noguera
06 de septiembre de 2017•Actualizar: 07 de septiembre de 2017
Quince años después de que una pipeta de gas lanzada por las Farc matara a 79 personas y dejara decenas de heridos, el Cristo de la iglesia de Bojayá, municipio donde ocurrió la tragedia, estará adherido a la cruz que guiará la oración por la reconciliación que las víctimas del conflicto harán con el papa Francisco en Villavicencio el 8 de septiembre.
Entre esas víctimas estarán 16 representantes de Bojayá que llevarán el Cristo Mutilado, símbolo del dolor y resistencia de esta comunidad, una de las más emblemáticas no solo del conflicto sino de la reconciliación y la construcción de paz.
El Cristo, sin brazos ni piernas, fue encontrado en la iglesia días después de la tragedia. Su torso tiene las esquirlas de la explosión y los impactos de bala que dan cuenta del horror que vivieron los habitantes de Bojayá el 2 de mayo de 2002.
“Cuando cae la pipeta, la gran mayoría salimos despavoridos. A los dos días, regresamos y me da por entrar al templo y dentro de todos los escombros, veo al Cristo ahí. Lo veo destrozado, pero lo único que queda en pie es ese torso que ahora conocemos”, cuenta el padre Antún Ramos, capellán de la población.
El Cristo se volvió una imagen de resiliencia para las víctimas de Bojayá y también un símbolo de la devastación que provocó el conflicto en más de 8 millones de víctimas en el país.
Muchos fieles consideran que es un milagro que una imagen de yeso soportara la explosión y no se pulverizara cuando un muro le cayó encima.
“Ese Cristo, en medio de la barbarie, cogió muchas de las balas que iban para los que estaban en la iglesia”, concluye Leyner Palacios, líder de la comunidad de Bojayá.