El proyecto de la Gran Presa del Renacimiento (ERGE) que Etiopía construye sobre el Nilo ha provocado una lucha sobre el control del río y ha puesto a Egipto, Sudán y a Etiopía al borde de un conflicto armado. Al igual que durante los últimos 10 años, el proyecto va a seguir afectando el destino de África Oriental en el futuro.
Egipto está desesperado ante el reclamo de sus derechos por parte de países subsaharianos que buscan una independencia económica y militar. Cada vez más, Egipto se ve obligado a recordar que el río al que debe su herencia histórica y riqueza económica fluye del sur hacia el norte. Parece ser que los nuevos dueños del Nilo van a ser aquellos etíopes que hasta hace dos siglos eran vendidos como esclavos en los mercados egipcios.
Egipto insiste en ser el país con privilegios sobre las aguas del Nilo. La razón del enojo de Egipto yace en que la parte del Nilo sobre la que Etiopía construye su presa alimenta el 85% de las aguas del río. Esto significa que si las partes no llegan a un acuerdo, Egipto perderá toda su hegemonía sobre el Nilo. De esta manera, a Egipto no le quedará mucho qué hacer si en el futuro Etiopía decide construir más presas u otros proyectos de regadío.
Desde que empezó la construcción de la presa, en 2011, las partes no han sido incapaces de llegar a un acuerdo. Tras el fracaso de la mediación de Estados Unidos, las partes han optado por la mediación de la Unión Africana.
No obstante, Etiopía anunció que empezará a llenar la presa si en las próximas dos semanas no se llega a un acuerdo. Tras estas declaraciones, el activista etíope Hachalu Hundessa, de 36 años, fue asesinado a tiros por pistoleros no identificados en la capital de Etiopía, Adís Abeba, el pasado 29 de junio, provocando protestas masivas en las que murieron más de 100 civiles y 10 policías.
El primer ministro de Etiopía, Abiy Ahmed Ali, llegó a afirmar que la violencia vivida en su país durante los últimos días fue un intento de instigar a una guerra civil que ha sido frustrada. Las duras críticas de la oposición al Gobierno de Ali a menudo han sido vistas como instigadas por fuerzas externas.
Egipto es incapaz de encontrar lo que busca en África Oriental por culpa de la política reconciliadora exterior de Ali. Egipto no consigue doblegar a Etiopía debido a la reconciliación de esta con Eritrea y a sus esfuerzos por no escalar la tensión con Sudán.
Por su parte, el primer ministro de Sudán, Abdalla Hamdok, votó en contra de una resolución de la Liga Árabe en contra de Etiopía el pasado 6 de marzo. Tres días después sufrió un intento de asesinato en la capital de Sudán, Jartum. Un mes más tarde se reanudaron los conflictos armados entre el Ejército sudanés y milicias etíopes en la frontera entre ambos países. Finalmente,Sudán anunció que no aceptará ningún acuerdo bilateral que no cuente con Egipto.
El alejamiento de Sudán de Etiopía a favor de una posición más cercana a Egipto será uno de los puntos más críticos de los acontecimientos que se vivan en los próximo años entre estos países por la disputa surgida entre ellos a raíz de la presa que Etiopía construye sobre el Nilo. Algunos expertos ven posibilidad de sanciones internacionales e incluso de una guerra entre las partes si no llegan a un acuerdo.
Etiopía construye su proyecto de presa hidroeléctrica en un sitio a 25 kilómetros de su frontera con Sudán por un costo aproximado de USD 5.000 millones, mientras que Egipto teme que reduzca su cuota de agua.
*Traducido por Daniel Gallego.
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