El acalorado debate global sobre el cambio climático no parece relevante para el Afganistán devastado por la guerra, pero el país montañoso está llevando la peor parte de sus efectos.
La columna vertebral de la economía afgana, la agricultura, ha sido la más afectada en medio de oscilaciones erráticas en los patrones climáticos, que causan sequías prolongadas e inusuales y luego lluvias repentinas e inoportunas, dejando a los agricultores y pastores afganos mal equipados, no capacitados y sin esperanza.
Perdido en sus profundos pensamientos, Mohammad Raheem, de la comunidad nómada tradicional del país, miraba su rebaño de ovejas mientras pastaba en un pequeño pedazo de tierra en la provincia de Logar, al sureste de la capital, Kabul. Raheem, que usa el sombrero tradicional de Kandahari, tiene alrededor de 20 años. Ha sido pastor durante más de la mitad de su vida.
“En los últimos años, los patrones de lluvia y nieve han sido realmente erráticos. Hubo una situación similar a la sequía durante años, y de repente recibimos abundante lluvia y nieve a fines del invierno y la primavera de este año. Fue bueno pero demasiado tarde, ya que habíamos vendido ganado por miedo a los precios bajos, mientras los animales estaban muriendo de hambre antes de las lluvias”, dijo a la Agencia Anadolu.
En la sociedad agraria tradicional afgana, los nómadas como Raheem con sus grandes rebaños de ovejas, cabras, vacas y toros han estado viajando entre las partes más frías y cálidas del país en el verano y el invierno.
Las sequías extremas en algunas partes de Afganistán en 2018 obligaron a casi 300.000 personas a huir de sus hogares en un mes, según la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), responsable de reunir a los actores humanitarios en Afganistán. Según las estimaciones de la ONU, 225 distritos en 20 provincias se vieron afectados por la sequía.
Las sequías también han dejado impactos devastadores en las tierras tradicionales de pastoreo, dijo Nasru Uddin, gerente de recursos naturales de la Dirección de Agricultura, Riego y Ganadería en Logar, al oriente el país.
“Las tierras de pastoreo en esta provincia están al borde de la extinción. Algunas áreas han sido invadidas por los señores de la guerra y otras áreas se fusionaron en la ciudad con la construcción de carreteras y edificios, pero la sequía ha afectado más a las zonas de pastoreo”, agregó.
Se busca ayuda del Fondo Verde del Clima
El Índice de Adaptación Global 2012 clasificó a Afganistán entre los países más vulnerables del mundo en términos de cambio climático, aunque solo aporta el 0,06% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, muy por debajo de la media global de 40.4 toneladas de dióxido de carbono (CO2) equivalente
Se proyecta que la temperatura media anual en Afganistán aumentará entre 1.4 - 4.0°C para 2060 y entre 2.0 - 6.2°C para 2090, lo que probablemente conducirá a una menor productividad agrícola, sequías y problemas de seguridad alimentaria, así como problemas de biodiversidad y ecosistemas.
La Agencia Nacional de Protección del Medio Ambiente (NEPA) del país recibió recientemente una insignificante compensación de USD 300.000 del Fondo Verde del Clima por estos impactos. El fondo es un mecanismo financiero de las Naciones Unidas para ayudar a países en desarrollo en prácticas de adaptación al cambio climático y mitigación de sus efectos.
El subdirector de NEPA, Idrees Malyar, dijo que Afganistán sigue estando entre los 10 principales países vulnerables en términos de impactos del cambio climático.
"Anteriormente, solíamos presenciar un período de sequía después de unos 10 años, pero ahora este ciclo se repite cada dos o tres años, lo cual es muy preocupante", dijo a la Agencia Anadolu.
Malyar dijo que Afganistán necesita al menos USD 17.400 millones para combatir los devastadores impactos del cambio climático hasta 2030.
*Traducido por Maria Paula Triviño.
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