Saad Aldouri
01 Diciembre 2017•Actualizar: 02 Diciembre 2017

Los efectos del referendo ilegítimo kurdo del 25 de septiembre trajeron problemas para el Gobierno Regional Kurdo (GRK), dejando preguntas sobre cuál será el futuro de las relaciones Bagdad-Erbil en Irak. Se está haciendo cada vez más claro que la decisión de llevar a cabo las votaciones fue un error de cálculo de parte de Masoud Barzani, el ahora ex presidente del GRK. Para que las políticas iraquíes entre Bagdad y Erbil avancen, el compromiso y la mediación serán clave, al igual que mayor voluntad en llevar a la mesa temas como el territorio en disputa, los ingresos de la venta del petróleo y la distribución de estos, y la cantidad del presupuesto federal destinado al GRK.
La toma de la provincia de Kirkuk por parte de las fuerzas de seguridad iraquíes, con el apoyo de Unidades de Movilización Popular (UMP) y aliados regionales e internacionales en octubre, marcó un punto clave. Económicamente, estratégicamente y simbólicamente, la pérdida de Kirkuk para los kurdos fue un duro golpe y dejó ver divisiones dentro del liderato kurdo, lo cual permitió a las fuerzas de seguridad iraquíes entrar con resistencia mínima. La imperativa inmediata tanto de Erbil, como de Bagdad, era encontrar una manera para llegar al compromiso sobre gobernanza.
Este compromiso comenzó cuando el GRK aceptó el juicio de la Corte Suprema de Irak, que rechaza cualquier intento secesionista en la región kurda. Los líderes kurdos se están dando cuenta que la cooperación pragmática con los líderes en Bagdad, al igual que con aliados regionales e internacionales, sigue siendo la mejor manera de asegurar los intereses kurdos. Mientras progresan las negociaciones, el restablecimiento de las relaciones funcionales entre el GRK y el Gobierno federal será muy significativo, dado que desde el 2014, estas se han corroído, después de que el ex primer ministro iraquí, Nouri al-Maliki, cortó los fondos del Gobierno federal destinados al GRK.
La ausencia de políticos kurdos veteranos en Bagdad refleja el grado hasta el cual las relaciones entre Erbil y Bagdad se han deteriorado. En el 2003, los políticos veteranos kurdos eran parte integral de la legislatura en el Gobierno federal de Bagdad. En el 2017 ese no es el caso. Tras los eventos recientes, parece que los líderes en Erbil y Bagdad se han dado cuenta que es necesario bajar las tensiones, restablecer canales de comunicación y reunirse en la mesa de negociación. Esto podría ser la base en la cual la cooperación mutua se reconstruya y la confianza se restaure.
La agitación en el país causada por el surgimiento de Daesh es una oportunidad para reconstruir el Estado iraquí, y con la política iraquí pasando por una transición, continuar con las tensiones entre Erbil y Bagdad socavará los esfuerzos. La imperativa de Bagdad y Erbil es clara: para Bagdad, es el interés del primer ministro, Haider al-Abadi, no sobrecargar a las fuerzas de seguridad con más operaciones militares, ya que su energía está enfocada en erradicar a Daesh. Para Erbil, el GRK bajo Barzani perdió el apoyo de muchos de sus aliados internacionales por su decisión de llevar a cabo el referendo ilegítimo, a pesar de la objeción casi unánime y su negativa de negociar con Bagdad. Regresar a la mesa de negociaciones ayudará a mejorar las relaciones con los aliados del GRK.
Adicionalmente, mientras las partes kurdas han apoyado el referendo ilegítimo, la realidad es que la búsqueda de la independencia fue sublevada por divisiones entre partidos. Para algunos, el referendo fue visto como una simple maniobra de Barzani para preservar su liderazgo del GRK. Esto resultó en que el partido rival, el PUK, llegara a un acuerdo con las fuerzas iraquíes para que entraran a partes de Kirkuk y eventualmente retomaran el control de los campos petrolíferos de los kurdos.
Al final del día, el liderato kurdo subestimó la determinación de Bagdad, junto a Estados Unidos y aliados regionales como Turquía e Irán, de prevenir su secesión. Sin un consenso interno o siquiera apoyo tácito de aliados regionales e internacionales, el voto por el sí no habría sido suficiente para lograr un Estado independiente viable.
Con la pérdida de los campos petrolíferos, el GRK no tiene opción más que lograr un trato con el Gobierno federal. Los ingresos por el petróleo han sido la base sobre la cual el GRK ha construido su capacidad, pero la acción decisiva de Bagdad de tomar control de los campos petrolíferos le ha quitado al GRK una importante fuente de ingresos. Trabajar para mitigar estas pérdidas al presupuesto del GRK es una necesidad crítica para una región que ha tenido problemas financieros en los últimos años.
La clave para el acercamiento entre Erbil y Bagdad es la habilidad de ambos lados para llegar a un acuerdo sobre las transferencias anuales del presupuesto federal al GRK. Asegurar que el GRK pueda entregar salarios a sus servidores públicos será importante para cumplir las necesidades de gobernanza. Aunque la expectativa normal del GRK es que el Gobierno provea el 17% de su presupuesto anual, todavía hay un largo camino antes de que ambos lados acuerden un presupuesto final y un acuerdo sobre los ingresos petrolíferos.
Está en el interés del GRK en Erbil y del Gobierno federal en Bagdad reunirse en la mesa de negociación y encontrar un camino adelante. El referendo kurdo ilegítimo subió las tensiones y expuso problemas dentro del GRK al igual que otras disputas sin resolver en Irak. Trabajar para resolver disputas sobre el territorio, los ingresos del petróleo y el presupuesto federal tomará tiempo, pero a corto plazo se requieren medidas de concesión para restablecer la confianza –tanto para el Gobierno federal como para el GRK y sus aliados. Ser capaces de progresar en este frente está ligado a si la próxima fase de construcción estatal en Irak tendrá éxito.
*Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no reflejan la política editorial de la Agencia Anadolu.
*Ahmed Fawzi Mostefai contribuyó con la redacción de esta nota.