
Desde que un referendo en junio de 2016 abrió la puerta del divorcio entre el Reino Unido y la Unión Europea, las cosas han ido de mal en peor.
La economía marcha más lenta y muchas instituciones financieras amenazaron con relocalizar sus oficinas en otros países de la Unión Europea (UE).
El precio de los alimentos subió una semana después del voto para el brexit y seguirá subiendo; al mismo tiempo los salarios no han cambiado desde 2008. El costo de vida es cada vez más alto y los hogares están sintiendo el golpe.
Pero el precio de la comida no es lo único que ha afectado la economía británica; lo demás seguirá su paso.
La profesora Anastasia Nesvetailova, directora del City Political Economy Research Center (CITYPERC), en la Ciudad Universitaria de Londres, dijo: “Primero vendrá la devaluación de la libra, la cual no creo se haya avaluado de manera exacta”.
“Considero que esta seguirá bajando más y más, y con esta devaluación se verá afectado todo: los ahorros, los precios de las importaciones y exportaciones, las materias primas, la construcción, las cadenas de abastecimiento, los sueldos etc. Todos estamos enlazados en una política económica y ahora somos más pobres.
Nesvetaliova también dijo que algunas industrias se han beneficiado del brexit, pero no porque hayan hecho algo diferente, sino porque la libra es más barata y por lo tanto hay un mercado de exportaciones más amplio que las favorece.
El pronóstico de crecimiento económico para el Reino Unido indicaba un 1.9 %, pero el Banco de Inglaterra lo redujo a 1.7 % para este año. Para el 2018 se espera una baja al 1.6 % en comparación al pronóstico anterior que indicaba una tasa de crecimiento del 1.7 %.
Esto se puede atribuir a que el Reino Unido no tiene un verdadero plan para el brexit.
Alternativa realista
El exgobernador del Banco de Inglaterra, Mervyn King, dijo que el Reino Unido necesita “una alternativa realista” en caso de que no se llegue a un acuerdo con la Unión Europea. La verdad es que le debió haber dado este consejo al ahora ex primer ministro David Cameron antes de que este diera paso al referendo del 2016.
El clima político en ese entonces ya se estaba polarizando; el consejo de King habría servido más en ese momento que ahora que el Reino Unido activó el artículo 50 de la UE, el cual indica las acciones a seguir cuando un Estado miembro desea dejar el bloque.
La verdad es que Cameron no habría seguido el consejo de King en ese entonces, porque sus consejeros inexpertos lo habrían aconsejado de la misma manera, lo que al final del día desenlazó una caída en la economía británica.
Otro punto importante es que Cameron no debió haber hecho el voto del referendo obligatorio, si no contaba con una alternativa.
Después de meter al Reino Unido en este embrollo, renunció inmediatamente, dejando al Gobierno sin idea de cómo proceder. Cameron y sus consejeros entraron ciegos al referendo, no obstante, algunos medios lo ven como un posible candidato a secretario general de la OTAN.
La Unión Europea no fue creada para que sus miembros la dejaran, fue creada para tener membresía de por vida, y aunque en sí tiene muchas fallas que nunca serán corregidas porque sirven a los intereses de los burócratas en Bruselas, por lo menos, de la manera que estaba constituida, traía cierto grado de estabilidad en sus miembros.
Al día de hoy, el Gobierno británico no tiene un plan vigente. El equipo de negociación no está siguiendo un programa, sino varias ideas que van de un lado a otro, ninguna de las cuales tiene sentido, ni responde a algún tipo de estrategia, ni pueden proveer estabilidad para los ciudadanos británicos.
La situación es un desorden de proporciones masivas y el Reino Unido probablemente saldrá sin un buen trato y sea cual sea este, “el Reino Unido tendrá que pagar”, dijo Nesvetailova.
“No hay forma de evadirlo. Tendrán que pagar mucho dinero y continuar pagando. Tal vez en paquete y no como una contribución directa a la UE, o como una combinación de montos que al electorado político del Reino Unido le será presentado como una suma reducida, diciendo que no serán 100 billones de euros, sino solo 50 billones”.
“Pero la realidad es que los otros 50 billones tendrán que venir de otros tratados con la UE, por ejemplo, en inversión directa para Polonia, en inversiones directas en infraestructura para Portugal o en políticas agrícolas”, añadió.
Solo cuando se haya pagado esa cuenta, el Reino Unido podrá continuar con sus negociaciones, pero como el tiempo se está acabando, es posible que un tratado comercial viable, así sea temporal, no se pueda consolidar en el tiempo que resta.
Por otra parte, la continua inestabilidad sobre cuáles compañías se quedan y cuáles se van, podría significar desempleo e incluso, una recesión; la incertidumbre económica apunta en esa dirección. Pero ¿qué puede hacer el Gobierno para apaciguar la crisis?
De acuerdo a Nesvetaliova, este puede hacer muchas cosas: “El problema es que, por lo visto, no ha hecho mucho”.
“La estrategia general es reducir la incertidumbre. La manera más práctica de hacerlo es anunciar que pasará el día del llamado brexit”.
“¿Continuamos con los mismos tratados? ¿nos pueden asegurar que continuarán por lo menos durante el periodo de transición o resultaremos al borde del abismo como lo plantea la Organización Mundial de Comercio?”.
Esto quiere decir que si el Reino Unido sale de la Unión Europea sin un acuerdo comercial (o sin acuerdos comerciales con nadie más), tendrá que aplicar tarifas comerciales a las importaciones.
Brexit suave
Ya que actualmente no existe un marco regulador para el Reino Unido –ni siquiera un plan para una semana después de que eso suceda–, que podría llegar el día en que el país deje la UE, el país debe asegurarse de tener este marco y especificar de cuál se trata.
¿Será la ley de la UE bajo la cual opera actualmente o será algo diferente? Ninguna decisión política o económica puede darse sin contexto político; todo se trata de regulaciones.
El canciller del Échiquier (ministro de finanzas), Phillip Hammond, propone un brexit suave por lo cual ha sido criticado por los partidarios ortodoxos del brexit. Pero, como dijo Nesvatailova, tal vez ni suave sea una solución pragmática a un problema tan enorme.
Tal vez esto da cierta seguridad a corto plazo a quienes toman las decisiones. Bajo ese esquema continuaríamos teniendo los mismos estándares reguladores y si todo permanece igual, podemos hacer planes a largo plazo, lo cual nos permitiría ajustarnos suavemente a la nueva realidad política.
Pero este cambio no se puede dar de un solo golpe y el Reino Unido necesitaría encontrar fuentes de financiación para instalar estos nuevos órganos reguladores que se encargarán de hacer la transición de la legislación de la UE a la ley británica.
Todo esto se debió haber pensado antes del referendo y se le debió haber dado a conocer a los votantes. En vez de esto, se les dijeron muchas mentiras a las personas y votaron basándose en estas.
Los resultados del referendo fueron una respuesta emocional o una protesta a las medidas de austeridad de la era Cameron/George Osborne, canciller de hacienda de Cameron, entre 2010 y 2016.
Darle a un país un voto que al final del día frenaría la economía y desestabilizaría el ya tambaleante mercado laboral, fue una decisión egoísta por parte de Cameron.
El hecho de que Cameron le diera la luz verde al voto sin siquiera tener un plan para el brexit, muestra el proceso de razonamiento de su Gobierno.
No es sobre la gente -quienes serán los más afectados-, es sobre las posiciones que ocuparán los ex primeros ministros y sus consejeros tras salir de Downing Street.
A pesar de que aún hay peleas internas en el Partido Conservador, los rumores indican que la primera ministra, Theresa May, no será remplazada; ella debe instaurar un gabinete para tratar que el brexit tenga una voz unificada.
Aunque aún no sabemos con exactitud cuál será el futuro de Theresa May, una cosa si es segura: el brexit sucederá, sin importar cuán decepcionante o dañino pueda ser para los intereses del Reino Unido.
*Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivas del autor y no reflejan la política editorial de la Agencia Anadolu.
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