Política, Análisis

Todos los asesinos del expresidente de Egipto

Todo el mundo sabe que el actual presidente Abdel Fattah al-Sisi y el Ejército son los perpetradores aparentes de la muerte de Mohamed Morsi.

Prof. Kemal İnat   | 21.06.2019
Todos los asesinos del expresidente de Egipto NUEVA YORK, EEUU - JUNIO 17, 2019: Una mujer sostiene una fotografía del primer presidente popularmente electo de Egipto, Mohamed Morsi, durante una protesta contra el Gobierno militar en Egipto frente al Consulado General de Egipto en Nueva York, Estados Unidos. Según informes, Morsi falleció a causa de un ataque cardíaco el lunes en una sesión judicial. Junio 17 de 2019. (Atılgan Özdil - Agencia Anadolu)

ESTAMBUL

Por: Kemal Inat*

Uno se pregunta si los asesinos de Mohamed Morsi, el presidente legítimo de Egipto, son solo aquellos que observaron sin interferir mientras luchaba por respirar durante 20 minutos después de sufrir un ataque al corazón en la siniestra jaula de esa corte. O quizás los verdaderos perpetradores son los maestros títeres que sostienen las cuerdas de estos asesinos. ¿Qué pasa con los millones de miembros del movimiento Tamarod que llenaron la Plaza Tahrir en 2013 con el objetivo de derrocar al presidente Morsi con un golpe de estado?

¿Están felices ahora?

El presidente electo del pueblo egipcio murió en una jaula después de seis años de cautiverio y tortura. ¿Podrán entender que lo que se ha perdido en esa jaula no es solo la vida del Morsi, sino también la oportunidad de Egipto de recuperar la libertad, siendo Egipto un país bien establecido de Medio Oriente?

¿Todavía no entienden, seis años después, que lo que se les ha ofrecido a través de Sisi no es más que esclavitud? Por supuesto, si se hubieran percatado de esto, se habrían opuesto al aislamiento y la persecución que sufrió Morsi. Más allá de no oponerse, fueron cómplices, a sabiendas o sin saberlo, de los complots de aquellos que planearon derrocarlo, y debido a eso Dios los privó de la oportunidad de salvarse del cautiverio y la opresión.

La magnitud de sus crímenes les impide siquiera reconocer su privación, lo que sugiere que esta esclavitud, que se ha consolidado a través del golpe de estado de Sisi, continuará por más tiempo. Si los seguidores de Tamarod quieren ser salvados de esta catástrofe de la esclavitud a la que se arrastraron junto con todo Egipto, primero deben pedir perdón a Morsi y a todos los que murieron en la Masacre de Rabaa en 2013.

¿Quiénes son los instigadores?

Los sospechosos que tenemos ante nosotros mientras intentamos identificar a los asesinos del presidente Morsi, son los mismos países que instigaron el golpe de 2013. En otras palabras, todos saben que Sisi y el Ejército egipcio son simplemente los perpetradores aparentes que se encuentran frente al telón. No hay duda de que los instigadores del asesinato de Morsi y los de la Masacre de Rabaa son Estados Unidos, Emiratos Árabes Unidos, Israel, Arabia Saudita y otros países occidentales.

Tampoco cabe duda de que lo que quieren estos instigadores es evitar que Egipto sea gobernado por líderes elegidos por su propio pueblo; es decir, lo que finalmente quieren es asegurarse de que Egipto nunca se convierta en un país libre, ya que Egipto es un país demasiado importante como para dejarlo a su suerte o para que se le permita gobernar por la voluntad de su gente.

Egipto, el país más grande del mundo árabe, también es uno de los estados más importantes del mundo islámico. Está situado justo al lado de Israel. El tipo de consecuencias que la agresión israelí probablemente tendría que soportar frente a una administración de la Hermandad Musulmana de larga duración en Egipto son muy obvias.

¿Cómo reaccionaría un Egipto liderado por Morsi, uno se pregunta, cuando Jerusalén y los Altos del Golán fueron entregados a Netanyahu en bandeja de plata por el presidente Trump? En cuanto a Sisi, el “oficial del golpe”, simplemente cumplió con el deber que le fue asignado e hizo oídos sordos a las políticas ilegales de Estados Unidos y ahora incluso apoya el llamado “Acuerdo del Siglo”, que prevé la expulsión de los palestinos de la mayor parte de Cisjordania.

Otro servicio prestado a Israel por los otros dos países árabes, a saber, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita, que también apoyan el “Acuerdo del Siglo”, fue su apoyo a la carga financiera del golpe de Estado contra Morsi. Todos brindaron su dinero para que Sisi pudiera continuar por este camino sin trabas y reconstruir el régimen de dictadura en Egipto.

No querían que el movimiento de la Hermandad Musulmana liberara a Egipto porque la expansión de la libertad en el mundo árabe podría ser un ejemplo peligroso para sus propios pueblos y esto era lo último que podían haber deseado. No querían que el pueblo egipcio fuera libre, ni querían ver un Egipto libre, ya que sabían perfectamente que un Egipto libre no estaría del lado de la alianza que el Egipto actual está tratando de forjar con Estados Unidos e Israel en Oriente Medio sino que se opondría a esto.

La alianza que el Egipto de hoy está tratando de establecer con Washington y Tel Aviv es un mal presagio que seguramente va en contra de los intereses de los pueblos de Oriente Medio, por lo tanto, un Egipto gobernado por egipcios libres definitivamente no habría sido parte de dicha estructura siniestra.

Fue por estas razones que las administraciones de Riad y Abu Dabi instigaron el golpe de estado contra el presidente Morsi y apoyaron a Sisi, el “funcionario del golpe”, tanto durante como después del golpe. Y este apoyo persistió hasta la muerte de Mohamed Morsi en aquella jaula en la sala de audiencias. El grado de apoyo que estos dos países proporcionaron al golpe de estado liderado por Sisi también podría ser apreciado en vista de sus políticas hostiles hacia Catar y Turquía, dos países que han sido siempre críticos con el golpe.

El papel de Estados Unidos y Europa

Destacan dos dimensiones particulares de este tema con respecto a Estados Unidos y Europa, que son los otros instigadores del asesinato del presidente Morsi: cómo deben evaluarse las políticas que siguieron durante y después del golpe de estado en términos de sus intereses, y qué significan estas políticas en cuanto a democracia, estado de derecho y derechos humanos, valores que estos países están planteando constantemente.

Obviamente, las políticas de poder moldean las actitudes de Estados Unidos y los países europeos con respecto a Egipto. Nunca debemos olvidar que valores como la democracia y los derechos humanos, que Washington y Europa occidental tan a menudo abordan para entrometerse en los asuntos internos de otros países, fueron ignorados por completo cuando el presidente electo de Egipto fue derrocado.

Cuando la democracia y los derechos humanos, así como casi todos los preceptos y principios relacionados con el estado de derecho y el derecho internacional, estaban siendo pisoteados en el período que condujo al golpe, Washington y la mayoría de las capitales europeas apoyaron abiertamente la violenta medida con declaraciones alentadoras o se mantuvieron en silencio, lo que significaba de igual manera su aprobación tácita a todas las violaciones cometidas.

Esta actitud orientada hacia la política de poder de los países occidentales no es sorprendente para aquellos que están familiarizados y siguen las políticas generales de estos países. Siempre que tenían que elegir entre sus propios intereses y valores, como la democracia y los derechos humanos, seguían sus intereses a corto plazo debido a su percepción problemática de cuáles deberían ser sus intereses.

La razón por la que uso las frases “percepción problemática de intereses” e “intereses a corto plazo” es para dejar al descubierto el hecho de que, si estos países occidentales hubieran podido identificar sus intereses de manera precisa y con visión de futuro, habrían visto que la política que han estado siguiendo en Egipto será contraproducente para ellos también a mediano y largo plazo.

Es evidente que estos países tienen una visión demasiado corta como para predecir los resultados de la traumatización de los segmentos más grandes de la sociedad egipcia (un país del Mediterráneo oriental con una población de 100 millones de personas) debido a la supresión de sus preferencias de forma tan degradante y porque simplemente se dejó que un presidente electo muriera en una jaula en un tribunal después de haber estado aislado en una celda durante años, tiempo durante el cual sus problemas de salud fueron completamente ignorados.

Su queja por el radicalismo y el terrorismo (la etapa posterior al radicalismo) aunque son ellos mismos quienes radicalizan a las personas de esta manera, es en realidad un signo de estrechez mental.

Si no tienen una mente tan estrecha como para no darse cuenta de que promueven y facilitan a organizaciones terroristas como Daesh y Al Qaeda mediante la supresión de un movimiento islamista, como la Hermandad Musulmana, que siempre ha evitado la violencia, entonces deben ser lo suficientemente maliciosos como para desear tal resultado.

En este punto, también es necesario subrayar otro hecho: hay segmentos de las sociedades occidentales que no se sienten cómodos con las políticas de sus administraciones derivadas de estas percepciones patológicas de Egipto y países similares, las cuales ignoran completamente valores fundamentales como el derecho internacional, la democracia y los derechos humanos. Sin embargo, desafortunadamente, la capacidad de estos segmentos de mentalidad correcta para hacerse escuchar se está debilitando día tras día, y los que han adoptado políticas sin principios como su guía son cada vez más predominantes.

*El profesor Kemal Inat es docente de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad de Sakarya en el departamento de relaciones internacionales.

Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no reflejan necesariamente la política editorial de la Agencia Anadolu.

*Daniela Mendoza contribuyó con la redacción de esta nota.

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