
El columnista del New York Times, Thomas Friedman, prendió una chispa por reportar que Arabia Saudita estaba en medio de una “Primavera saudí”. Los expertos en Oriente Medio culparon a Friedman por su "giro", acusándolo de producir un artículo para ganar el favor de la corte real saudita.
A pesar de su fama, Friedman rara vez produce análisis en profundidad. Él a menudo presenta reportes con frases fáciles de recordar y añade color gracias a su experiencia como reportero en Oriente Medio.
Cuando informó sobre su cena con el príncipe saudí Mohammed bin Salman (MBS) y sus ideas, Friedman comparó su edad, 64 años, con la de su anfitrión, 32, y dijo que mientras MBS sostuvo la conversación durante horas, él no pudo y tuvo que llamarlo de noche.
El columnista estadounidense luego citó a la burocracia saudí, asegurando que desde que MBS llegó al poder, la burocracia ha trabajado horas extras con una sensación de urgencia de que el cambio debe suceder rápidamente.
Hasta ahora, los resultados del cambio en Arabia Saudita han sido, según Friedman, teatros, conciertos segregados por género y mujeres conduciendo y viendo deportes en estadios. MBS está restaurando a la Arabia Saudita de antes de 1979, el año que todos identifican como el giro hacia el islamismo de la región, con la ocupación del santuario en La Meca y la Revolución iraní.
Friedman informa correctamente que después de 1979, la realeza saudí comenzó a respaldar una interpretación más austera del islam, con el fin de mantenerse al día con una población que consideraba cada vez más conservadora.
Sin embargo, lo que Friedman omite son otros dos grandes giros que siguieron a 1979: la ocupación iraquí de Saddam Hussein de Kuwait y su liberación en 1991, y la caída de Saddam en 2003. El año 1991 marcó el primer intento de reconfigurar Oriente Medio en la era posterior a la Guerra Fría.
Los Estados, incluyendo a Arabia Saudita, comenzaron a redactar constituciones y liberalizar sus economías en la línea de lo que se llegó a conocer como el "Consenso de Washington".
El año 2003 marcó el final de una década que vio a Estados Unidos como la única superpotencia del mundo y tal vez a todo el "siglo americano". El atolladero iraquí lastimó a Estados Unidos, mientras que el derrocamiento de Saddam eliminó una barrera que mantenía a Irán bajo control desde 1979.
El regreso de Rusia como un poder destructor erosionó aún más el "Consenso de Washington" cuando los Estados comenzaron a revertir a la economía rentista del viejo estilo, junto con un control férreo del poder. Donde las economías rentistas fracasaron y los viejos regímenes colapsaron, fueron reemplazados por nuevas dictaduras jóvenes como en Egipto, o Estados disfuncionales como Irak y Siria.
Friedman debería haber explicado este contexto regional antes de intentar ubicar la "Primavera saudí" dentro del contexto de Oriente Medio.
El cambio siempre es bienvenido, especialmente uno que deja de lado a los extremistas y los reemplaza con moderados, que parece ser el tono de MBS.
El cambio no es el problema de Arabia Saudita, sin embargo, lo que podría resultar problemático es el efecto de forzar el cambio sobre los saudíes, en lugar de guiarlos hacia él.
En lugar de ordenar el cambio por decreto real, los jóvenes y prometedores MBS podrían considerar construir una coalición que respalde el cambio, haciéndolo así más duradero.
Si los líderes saudíes hubieran examinado el cambio en otros países, podrían haber considerado la posibilidad de hacer campaña por el cambio y generar apoyo popular para ello. Le tomó a Turquía, por ejemplo, varios referendos populares para enmendar el papel constitucional del presidente.
En EEUU, el expresidente Barack Obama y una mayoría demócrata en el Congreso tuvieron muchos debates y conversaciones para aprobar la Ley de Atención Asequible (Obamacare) e incluso entonces, esta ley de salud estadounidense fue impugnada repetidamente ante los tribunales, lo que eliminó algunas de sus estipulaciones mientras mantenía otras.
El cambio requiere más que líderes jóvenes ambiciosos y largas horas de trabajo. Si MBS se describe a sí mismo como el nuevo fundador de Arabia Saudita, entonces tal vez debería poner todo el contrato social saudita sobre la mesa para el debate.
Si MBS busca limitar el papel de la religión en el gobierno, entonces podría revisar la "Ley Básica" promulgada en 1992.
Arabia Saudita considera que su constitución es el Corán y la Sunna (y por lo tanto llama a su constitución la Ley Básica). La soberanía no está conferida al pueblo, sino al rey, que recibe "promesas de lealtad" de parte de los sauditas. A diferencia de otros estados con mayorías musulmanas como Turquía, Indonesia y Egipto, que ponen la soberanía en manos de sus pueblos, el sistema de Arabia Saudita se basa en el rey.
Tal modelo descendente hace que el cambio se mantenga mientras su agente, el rey, gobierne, lo que significa que un rey conservador en el futuro puede revertir cualquier reforma que MBS instituya hoy. Atar el cambio a una persona lo hace menos genuino y mucho menos duradero.
"En la época del profeta Mahoma", dijo MBS a Friedman, "había respeto por los cristianos y judíos en Arabia". Si bien es loable que MBS entienda la importancia de la tolerancia en su reino, es aún más importante que, siendo el musulmán moderado que es, se dé cuenta de que los no musulmanes, incluidos los cristianos y los judíos, no buscan respeto, sino más bien la igualdad de derechos con los musulmanes saudíes.
Es cierto que uno debe aprender a caminar antes de aprender a andar en bicicleta, pero si los cambios en Arabia Saudita van al ritmo vertiginoso que propone MBS, tiene poco sentido mantener los mismos derechos para los saudíes y los expatriados no musulmanes en un segundo plano.
Si Friedman tiene razón en que un círculo cerrado de hombres le dicen que sí a todas las decisiones del príncipe MBS, esta gente podría estar filtrando su acceso a opiniones que son diferentes a las suyas. Si este es el caso, entonces solo se puede esperar que el príncipe heredero de Arabia Saudita esté pendiente, no solo de los elogios de Friedman hacia él, sino también del debate que ha manejado la entrevista del New York Times.
Arabia Saudita está marchando hacia el cambio. Pero, ¿qué tan durable es el cambio desde arriba? El jurado todavía está afuera y muchos argumentan que el cambio convenciendo a los saudíes podría ser mejor que el cambio arrastrándolos hacia adelante, o como dice el refrán: "Siempre puedes conducir un caballo hasta el río, pero nunca puedes hacerlo beber".
*Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no reflejan necesariamente la política editorial de la Agencia Anadolu.
*María Paula Triviño contribuyó con la redacción de esta nota.
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