


Los estadounidenses no tienen ninguna ilusión de que su presidente, Donald Trump, tenga alguna política exterior o estrategia coherente.
Los expertos de ese país incluso han acuñado nuevos términos para la incompetencia de su nuevo líder, como el "Ningún Orden Mundial" y el "Orden mundial del siglo XIX de Trump".
En el discurso inaugural de su segundo mandato en 1997, el entonces presidente Bill Clinton, se jactaba de que el siglo XX era un "siglo americano". El comienzo del milenio, sin embargo, marcó el ascenso de tres presidentes estadounidenses sucesivos, de los cuales ninguno mostró la suficiente habilidad para comprender el mundo o mantener su orden.
El expresidente George Bush sobrestimó las capacidades de su nación. El hecho de que el Ejército más fuerte pueda proyectar poder en cualquier parte del mundo es una cosa, pero pedirle a los militares que emprendan una ingeniería social y difundan la democracia es otra.
Para darle algún crédito, Bush se dio cuenta de sus pasos en falso y en su segundo mandato, comenzó a revertir la mayoría de sus iniciativas anteriores en torno a la difusión de la democracia.
Bush devolvió la política exterior al establecimiento de Estados Unidos al reclutar contemporáneos y amigos de su padre, el primer y más destacado Secretario de Estado, James Baker, quien redactó un borrador sobre cómo EEUU podrían estabilizar a Irak y después, irse de allí.
El plan de Baker, el Informe Baker-Hamilton, funcionó, y el mundo parecía listo para los siguientes años, pero fue sacudido nuevamente, esta vez por un presidente populista que prometió políticas de corrección excesiva.
En lugar de construir sobre el progreso de Bush, Obama tenía unas pocas políticas exteriores revolucionarias.
Él creía que EEUU debería cambiar a amigos como Arabia Saudita, por sus enemigos, como Irán. Tan equivocado estaba Obama que perdió a ambos, tanto a los amigos como a sus enemigos.
Primero Obama tenía un discurso de paz mundial. Mientras el tiempo pasaba, las políticas de Bush fueron dejadas atrás y con Obama remplazando esas políticas con su desinformada estrategia, el mundo –especialmente Oriente Medio- reanudó su desmoronamiento.
Después vino Donald Trump. Si Bush sobrestimaba el poder de EEUU y Obama lo subestimaba, Trump parece no tener idea de las herramientas de poder de su país, cómo proyectar el poder o con qué fin usarlo.
Si alguna vez se viera obligado a hacer un quiz sobre asuntos mundiales, Trump seguramente lo perdería.
Por lo tanto, mientras que la agencia estatal de prensa rusa, RIA Novosti, se jactaba de que el rey Salman de Arabia Saudita había visitado Moscú para establecer vínculos con el "nuevo señor de Medio Oriente", es decir, el presidente ruso Vladimir Putin, Donald Trump estaba ocupado desafiando a su Secretario de Estado a una prueba de inteligencia. Trump insistió en que era más inteligente que Rex Tillerson. El contraste entre el presiente ruso y su contraparte estadounidense no puede ser más fuerte.
Mientras los medios de Putin trasmitían escenas cuidadosamente coreografiadas de su recepción al monarca saudí, Trump estaba ocupado diciendo que los medios estadounidenses tenían "noticias falsas" y compartiendo números que según él, probaban que el ala derecha de Fox News estaba por delante de sus competidores más liberales, CNN y MSNBC.
Mientras tanto, en Moscú, el rey Salaman anunciaba que su país podría comprar el sistema antiaéreo S-400 elaborado por Rusia.
Semanas antes de que Arabia Saudita anunciara este acuerdo, Turquía había anunciado una compra similar; Moscú le vendió una anterior versión, el S-300 a Iran; y Teherán por su parte, exhibió públicamente su nuevo juguete ruso durante un desfile militar en septiembre.
Los anuncios turcos, saudíes e iraníes sobre la compra de sistemas de defensa aérea fabricados en Rusia se produjeron años después de que Putin informara sobre el despliegue de los S-400 y los S-300 en Siria, presumiblemente para "sellar" el espacio aéreo sirio contra los aviones de combate estadounidenses.
La eficacia de estos S-400 y S-300 permanece en tela de juicio. Durante los últimos años, mientras se desplegaron en Siria, estos sistemas rusos nunca lograron detener algún ataque aéreo israelí o estadounidense dentro del espacio aéreo sirio.
De hecho, en el verano de 2007, la fuerza aérea israelí realizó sesiones de entrenamiento en Grecia, destinadas a vencer al S-300, que Atenas posee.
Incluso Tel Aviv no parece molesto porque su archirrival, Irán, ahora tenga el S-300. Es probable que Israel esté seguro de que puede vencer este sistema, si alguna vez sus aviones de combate se encuentran volando sobre Irán.
La capacidad de estos sistemas de defensa aérea rusos se han convertido en un signo de alianza con Rusia.
De hecho, los países que han anunciado la compra de alguno de estos sistemas rusos –como Turquía, Arabia Saudita e Irán- han divulgado algún tipo de relación estratégica con Moscú.
Irán tiene alianzas con Moscú desde viejos tiempos. Lo que es sorprendente es ver que Turquía, miembro de la OTAN y Arabia Saudita, uno de los aliados más antiguos de EEUU en Oriente Medio, hayan optado por comprar hardware militar ruso y estén buscando la amistad de Rusia.
Ese paso de Arabia Saudita enfureció a Washington, y Riad entró en modo de crisis en un intento por mitigar la ira de EEUU.
Menos de 24 horas después de que Riad anunciara que había comprado el S-400 ruso, Washington dijo que los saudíes también iban a comprar el sistema antimisiles THAAD fabricado en EEUU, por unos de USD 15.000 millones.
El acuerdo de armas entre EEUU y Arabia Saudita no fue suficiente para convencer a los expertos de que todo volvería a estar bien.
El “nuevo señor de Oriente Medio”, Putin, está extendiendo sus alas y países como Turquía y Arabia Saudita han calculado correctamente que apostarle a un EEUU sacudido, liderado por un presidente que es un "drama queen", podría no ser suficiente garantía para sus intereses nacionales.
De hecho, Turquía aprendió de la manera más difícil que su alianza con EEUU a veces significa poco. Cuando un avión de combate ruso cruzó el espacio aéreo turco y obligó a un avión de combate turco a advertirle que cambiara de rumbo, Washington dejó sola a Ankara para descubrir las consecuencias del accidente.
Obama se enfureció cuando la Casa Blanca emitió una declaración que sugirió que los turcos eran responsables de sus propias decisiones, y que los estadounidenses no darían un paso para defender a Turquía, militar o diplomáticamente, si la situación entre Ankara y Moscú se deterioraba.
Turquía ha afrontado todas las lecciones de su alianza con EEUU, y como tal ha decidido diversificar sus inversiones estratégicas mejorando sus lazos con Rusia. Arabia Saudita llegó a una conclusión similar, ya que otros países de la región parecen dispuestos a hacer lo mismo.
Mientras Trump se mantiene inconsciente y desprevenido frente al hecho de que el orden mundial que EEUU creó y mantuvo durante los últimos 70 años se está desmoronando, Putin ha estado recogiendo los pedazos y armando su propia corona con estos.
El S-400 es el nombre de un nuevo orden mundial, un orden que está siendo tallado por Rusia, pero que nadie puede predecir cómo se verá o en qué dirección irá.
*Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no necesariamente reflejan la política editorial de la Agencia Anadolu.
*María Paula Triviño contribuyó a la redacción de esta nota
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