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Politólogo francés analiza el papel de Macron en las disputas en Oriente Medio

“La agenda reformista local y regional de Francia se está movilizando actualmente en el Oriente Medio”, afirmó el politólogo François Burgat.

Yusuf Özcan   | 16.09.2020
Politólogo francés analiza el papel de Macron en las disputas en Oriente Medio Director de Investigación del Centro para el Estudio del Mundo Árabe y Musulmán en Francia (IREMAM), Dr. François Burgat . (Arif Hüdaverdi Yaman - Agencia Anadolu)

PARÍS

El politólogo francés François Burgat exigió al presidente de Francia, Emmanuel Macron, que "ponga fin a la atmósfera de confrontación" en el Mediterráneo oriental y detenga su "estigmatización de Turquía" con fines electorales.

A través de una entrevista exclusiva para la Agencia Anadolu, Burgat, quien también es director de investigación del Instituto de Investigación y Estudio del Mundo Árabe y Musulmán, con sede en Francia, habló acerca de la interferencia extranjera en el Líbano y otros problemas en los países de Oriente Medio. El politólogo recordó el papel histórico de Francia que condujo al empeoramiento político de la situación en el Líbano.

Burgat analizó además las relaciones de Francia con Arabia Saudita y su posición frente a actores regionales como Irán, Emiratos Árabes Unidos, Egipto e Israel.

El politólogo francés cuestionó además la "actitud hostil" de Macron hacia Turquía. Burgat cree que la política anti-turca de Macron, que utiliza con fines políticos, se basa particularmente en una forma de islamofobia que ha dividido a la sociedad francesa.

Burgat concluyó pidiendo al presidente francés que tenga en cuenta las demandas marítimas de Turquía para ayudar a la paz y la estabilidad en la región del Mediterráneo oriental.

Agencia Anadolu: ¿Cómo analiza la política de Macron en Oriente Medio, particularmente en el Líbano y Libia, a la luz de los recientes acontecimientos?

Burgat: En teoría, la invasión del Líbano por parte del presidente Macron parece ser una total interferencia extranjera. Sin embargo, una lectura realista de la configuración regional requiere una evaluación más matizada. La injerencia extranjera es, de hecho, parte integral de la realidad política libanesa.

La intervención extranjera en primer lugar tuvo lugar por los franceses por supuesto, con su papel fundador en la creación del país en 1920 para luego primar la representación política de los cristianos. Pero claro, no hay que olvidar que también hubo intervención de los sirios, los saudíes y los iraníes, y por supuesto, los israelíes. Todos, en las últimas décadas, se han apoderado de partes enteras de la soberanía del Líbano, incluso mediante una presencia militar directa.

Todos ellos tienen injerencia extranjera y agravaron estas divisiones sectarias que hoy están en el corazón de la dramática situación del Estado libanés. Macron, por tanto, no hace ni más ni menos que lo que están haciendo otros actores regionales en el Líbano. Para Francia, la no injerencia significa dejar que otros actores regionales pisoteen la soberanía libanesa.

Desde 2012, algunos han justificado la negativa de Francia de ayudar seriamente (junto con Turquía) a la oposición siria contra Bashar Al-Assad bajo el principio de "no interferencia" que luego terminó dejando el campo libre para otras intervenciones, mucho más decisivas, como la de Irán y luego de Rusia.

Hoy, la cuestión de la legitimidad de la intervención francesa en el Líbano es menos importante. Desde mi punto de vista, la pregunta debería centrarse en lo que sabemos sobre la agenda regional y global de Macron en Oriente Medio. Allí es donde radica el problema.

¿Cuál es el verdadero objetivo de Macron según usted? ¿Francia está contribuyendo realmente a la formación de la paz en estos países?

Burgat: En Beirut, Macron realmente pidió una reforma de un sistema que sus predecesores ayudaron a crear y mantener y del que se beneficiaron durante las últimas décadas. Francia, en realidad, no tenía nada que reprochar a este sistema mientras se realizara en beneficio del componente cristiano de la población tan estrechamente asociado al país europeo.

París luego aceptó la transferencia de poder que tuvo lugar en beneficio de la comunidad sunita. Los franceses acordaron en ese entonces compartir la “supervisión" sobre el Líbano con Arabia Saudita, que luego se convirtió en su aliado, en particular a través de la familia Hariri. Para París (y para Riad), los inconvenientes del sistema político libanés comenzaron a ganar terreno cuando este se fue hacia el lado chií y su patrocinador iraní, lo que provocó un cambio de poder.

Conocemos la brutalidad con la que el príncipe heredero Mohamed Bin Salman intentó recuperar el control del poder libanés ejerciendo una presión física sobre el ex primer ministro libanés Saad Hariri y cómo, en este contexto, Macron tomó la delantera yendo a Riad para calmar los ánimos de su joven socio saudí.

Lo que Francia quiere hoy en día es el fin del sistema denominacional que creó en el Líbano, pero solo porque ahora lo ha eludido. Esta ambición reformista y la condena de la clase política, que ha sido instrumento beneficiario de la partición sectaria, son ahora ampliamente aceptadas.

Lo esencial aquí es saber que la agenda reformista local y regional de Francia, que no plantea un problema como tal, se está movilizando actualmente.

¿Hacia qué orden local y regional se moviliza actualmente la agenda reformista francesa?

Burgat: Para responder a esta pregunta, debemos recordar lo que sabemos sobre la agenda de Oriente Medio del presidente Macron. Durante los últimos tres años, (Macron) ha mostrado suficientes lados que lo llevan a uno -sin prejuzgar, por supuesto, su capacidad eventual para corregir sus errores- legítimamente a expresar serias reservas.

Macron, al incluir a Hezbolá en el proceso de discusión, a pesar de las protestas de los círculos pro-Israel franceses, sin duda, ha dado un paso en la dirección correcta. El caso es que, más allá de esta primera señal, sabemos que su plan de Oriente Medio se modela muy de cerca del eje emiratí-saudí-israelí con el que él mismo está estrechamente asociado.

La agenda de Macron es, ante todo, visceralmente opuesta a Irán, al igual que Tel Aviv y el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. Por lo tanto, su acercamiento está en tensión con el componente político cuasi-mayoritario en el libano.

Sin embargo, algo mucho más serio, es que (Macron) está asociado de facto con la lucha emiratí y egipcia contra cualquier dinámica de apertura democrática en la región.

Francia, una defensora de los derechos humanos, apoya a líderes golpistas como el presidente de Egipto, Abdel Fattah el-Sisi. ¿No es esta una posición que contradice sus principios?

Burgat: Desafortunadamente esta cara de Francia no es nueva. De hecho, se expresa en la garantía casi ciega otorgada a el-Sisi en Egipto pero también, con cierta hipocresía hacia [el comandante golpista] Jalifa Haftar en Libia, al que París, a pesar de sus negativas, apoyó de múltiples maneras.

Los enfrentamientos entre Grecia y Turquía son eminentes. Francia tomó el lado griego, envió dos aviones de combate tipo Rafale, dos buques de guerra y el portaaviones Charles de Gaulle en el Mediterráneo Oriental y reforzó su presencia militar, lo que elevó aún más la tensión en la región. ¿Cuáles son sus comentarios?, ¿Qué pretende hacer Francia en el Mediterráneo Oriental? ¿Por qué Francia está molesta con Turquía?

Burgat: La reciente crisis por la redefinición de las Zonas Económicas Exclusivas (ZEE) en el Mediterráneo Oriental, tras el acuerdo entre Trípoli y Ankara, confirmó esta posición francesa de oponerse al regreso de Turquía a los tribunales de las principales potencias regionales.

El constante rechazo de París a la adhesión de Turquía a la UE, lamentablemente, tiene raíces históricas mucho más profundas y antiguas que la crisis de Libia.

Sabiendo que Turquía tiene el frente marítimo más largo de todos los países que bordean el Mediterráneo, la lectura de los mapas que establecen el área de su ZEE en relación con la de Grecia muestra claramente la necesidad de renegociar esta parte del derecho internacional a la que Turquía se ha negado lógicamente a adherirse.

¿Qué debería hacer Macron para salir de esta atmósfera de confrontación?

Burgat: en su reciente intervención en un seminario en Lugano [en el sur de Suiza] durante una audiencia acerca del Medio Oriente, el presidente francés esbozó una lectura de los problemas energéticos del Mediterráneo que era un poco menos hostil unilateralmente a las demandas de Turquía. Indiscutiblemente, la diplomacia francesa debería encaminarse hacia una renegociación realista de las normas que definen la ZEE de los cientos de islotes griegos.

Desafortunadamente, la estigmatización de Turquía ahora parece ser parte de la agenda electoral de Macron, donde la explotación de todas las facetas de la tendencia islamófoba ocupa un lugar lamentablemente central.

Espero que los atajos del electoralismo no vuelvan a prevalecer sobre la razón y sobre los bien entendidos intereses de Francia y Turquía, pero también de todos los demás países mediterráneos.

*Camilo Hernández contribuyó con la redacción de esta nota.

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