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Política real frente al derecho y la equidad: A la UE se le cae la máscara en el Mediterráneo oriental

La crisis siria y migratoria, el terrorismo y recientemente la crisis en el Mediterráneo oriental han demostrado que todos los valores de la UE son coyunturales en términos temporales y están limitados a las fronteras europeas.

Dr. Veysel Kurt   | 19.09.2020
Política real frente al derecho y la equidad: A la UE se le cae la máscara en el Mediterráneo oriental Bandera de Turquía y de la Unión Europea. (Archivo Agencia Anadolu)

ESTAMBUL

Por: Veysel Kurt

En los últimos meses la competencia geopolítica y la lucha por los recursos energéticos en el Mediterráneo oriental se ha convertido en un nuevo escenario de disputa entre Turquía y la Unión Europea (UE). Anteriormente, la postura de la UE en el problema de Chipre siempre estuvo a favor de resolverlo respondiendo a las exigencias maximalistas de Grecia y la Administración griega de Chipre del Sur. A esta le siguió la política de privar a Turquía de los recursos energéticos descubiertos en la región a partir de 2000.

La discusión sobre si la política internacional debe basarse en el enfrentamiento y la competitividad (realismo) o la cooperación y el beneficio mutuo (liberalismo) se presenta como un tema principal y a su vez antiguo en las relaciones internacionales. La competencia global, la polarización ideológica y los enfrentamientos regionales, surgidos tras la Segunda Guerra Mundial, pavimentaron el camino para que el paradigma del realismo consiguiera una posición principal.

Con la institucionalización de lo que hoy se conoce como la UE a partir de 2000, se empezó a aceptar, cada vez más, el hecho de que los intereses corporativos deben prevalecer sobre los nacionales. Así mismo, se asumió que los intereses corporativos están basados en valores comunes como la cooperación, la equidad, la repartición justa y la democracia, a su vez principios sobre los que se alza la propia UE.

La crisis siria y migratoria, el terrorismo y recientemente la crisis en el Mediterráneo oriental han demostrado que todos los principios y valores de la UE son coyunturales en términos temporales y están limitados a las fronteras europeas en términos geográficos. Es decir, las relaciones entre la UE y los demás actores fuera del bloque europeo se basan única y exclusivamente en intereses. En cuanto al discurso sobre la democracia, la equidad y la cooperación, este pierde su funcionalidad con el propósito de convertirse en un medio para maximizar los intereses de la UE o en la espada de Damocles sobre los países interlocutores.

El mejor ejemplo del apoyo de la UE a la ilegalidad en el Mediterráneo oriental se puede ver en su asistencia al intento de Grecia de dominar el Mediterráneo oriental a través de relaciones inequitativas con Egipto, Israel y Líbano y de ignorar los derechos e intereses de Turquía en la región. En las cumbres de la UE organizadas a partir de junio del año pasado, se responsabiliza de la crisis a Turquía en vez de las acciones ilegales de Grecia y más recientemente de Francia.

La elección del “enfoque del palo y la zanahoria” por parte del presidente del Consejo Europeo, el belga Charles Michel, hacia Turquía demuestra que la UE está transformando principios como la diplomacia, las negociaciones, la cooperación y el derecho internacional en medios para lograr sus intereses políticos. Urge recordar que en los últimos años, Turquía ha visto más palos de la UE que zanahorias. Esta realidad se ve reflejada en el apoyo que muchos países europeos otorgan a organizaciones terroristas como el PKK, FETO y el DHKP-C, así como en la crisis migratoria.

A pesar de la globalización en las relaciones internacionales, la UE ha continuado, especialmente desde 2010, actuando según reflejos antiguos. Esto demuestra que el bloque está lejos de haberse actualizado, que ha perdido su credibilidad e incluso su fuerza de sancionar.

La actitud de la UE aleja cada vez más al bloque de los recursos en el Mediterráneo oriental y de la riqueza que estos suponen, abriendo camino a una mayor presencia de Rusia en Libia y Siria. Esta postura merece ser cuestionada por la propia UE y los demás países europeos. Esto se debe al alejamiento de la UE del racionalismo y de su enfoque obsesivo hacia Turquía. La amenaza de Chipre del Sur de vetar cualquier sanción contra Bielorrusia si la UE no sanciona a Turquía es una buena prueba de ello. Si tras la cumbre del 25 de septiembre, la UE anuncia sanciones inefectivas e incapaces de disuadir a Turquía, las campanas doblarán por la UE.

[Veysel Kurt es profesor en la Universidad Medeniyet de Estambul, especializado en el autoritarismo, democratización y las relaciones cívico-militares en Oriente Medio. También trabaja en el Directorado de Estudios Estratégicos de la Fundación para los Estudios sobre la Política, Economía y Sociedad (SETA, por sus siglas en inglés)]

*Las opiniones expresadas en este artículo no reflejan necesariamente la política editorial de la Agencia Anadolu.

*Traducido por Daniel Gallego.

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