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Paraguay: buscan saldar deuda histórica con pobladores ancestrales afectados por represa

El ente encargado de las políticas públicas de los indígenas en el país se reunió a comienzos de año con líderes del pueblo Mbya guaraní, afectados por la construcción de la represa Yacyreta.

Lorena Flores   | 16.01.2020
Paraguay: buscan saldar deuda histórica con pobladores ancestrales afectados por represa Vista de la represa Yacyreta, creada de manera conjunta entre Paraguay y Argentina con el fin de obtener energía eléctrica. (Twitter de Yacyreta, la Central hidroeléctrica binacional administrada por Paraguay y Argentina)

ASUNCIÓN, Paraguay

Por: Lorena Flores

Edgar Olmedo, presidente del Instituto Paraguayo del Indígena (INDI), ente encargado de las políticas públicas del sector, recibió comenzando este 2020 a líderes del pueblo Mbya guaraní, afectados desde hace años por la construcción de la represa Yacyreta, creada de manera conjunta con Argentina.

Olmedo se comprometió a conformar una mesa de trabajo junto con representantes de la Entidad Binacional Yacyreta (EBY) sobre el pedido de aseguramiento de tierras a los pobladores de la zona, en compensación por los daños que fueron ocasionados por esta represa.

En diciembre de 1973, el Gobierno paraguayo y argentino acordaron construir la Entidad Binacional Yacyreta, vocablo que en guaraní significa ‘lugar donde brilla la Luna’, con el fin de obtener energía eléctrica.

El extremo sur de la misma se apoya en la costa argentina, en la localidad de Rincón Santa María, mientras que en el extremo norte, en la costa paraguaya, está ubicado junto a la localidad de San Cosme y Damián.

En 1994 se culminó gran parte de las obras de la hidroeléctrica y unas 40.000 personas que se vieron afectadas por las inundaciones que generó la construcción fueron reubicadas e indemnizadas en ambas márgenes del río.

Sin embargo, no sucedió lo mismo con los antiguos habitantes de la zona: los Mbya guaraní. Pánfilo Cabral, antiguo poblador de la isla Yacyreta, que tiene una extensión aproximada de unas 39 mil hectáreas y que quedó totalmente bajo agua, relata en guaraní que se disgregaron: “Ore sarambipa”, “con las primeras incursiones de los jurua (no indígenas)”.

Cabral es también líder de la comunidad indígena Pindo (Palmera), una de las afectadas por la construcción. Fueron reasentados en 1991 en una de las compañías del Este de San Cosme y Damián, departamento de Itapúa; en unas tierras de 320 hectáreas. Señaló que la magnitud de este territorio es ínfima, comparada con las más de 84 mil hectáreas del territorio Mbya que quedaron totalmente inundadas.

“Éramos un gran clan. Cuando recibimos la noticia que se iba a inundar la zona tuvimos miedo, nadie explicó nada más, solo huimos, varios años en distintos lugares buscando un lugar donde vivir”, cuenta el líder nativo.

Por su parte la abogada Mirta Pereira, que representa a la Federación por la Autodeterminación de los Pueblos Indígenas (FAPI), la cual acompaña el pedido de resarcimiento de la población Mbya guaraní desde el año 2006 y aglutina a unas 13 organizaciones del Paraguay, señaló que la comunidad tuvo asistencia, en principio por parte de la Entidad Binacional Yacyreta, “por ejemplo en la construcción de viviendas”.

Sin embargo, los Mbya solicitan que la reserva ‘San Rafael’ sea cedida al pueblo. Dicha reserva se encuentra en el sureste del país y representa, con una superficie de aproximadamente 73.000 hectáreas (730 km²), uno de los últimos grandes fragmentos del Bosque Atlántico que todavía se conservan. Lo denominan el "tekoha guasu" (lugar grande) y consideran que la única forma de preservar su cultura es mediante el bosque.

Ante el reclamo del pueblo indígena, la EBY reconoció la reserva, según la resolución N° 1178/08 del INDI, como territorio tradicional Mbya guaraní. El "tekoha guasu", conocido como reserva para el parque San Rafael, fue declarado de interés institucional por la importancia sociocultural que dicha zona representa para el mencionado pueblo.

La profesional explica también que años más tarde, con la resolución N° 023/13 del INDI, se reconoce el daño sufrido por el pueblo Mbya guaraní por la construcción de la hidroeléctrica Yacyreta y la pertinencia de la solicitud de reparación e indemnización que se le plantea al Estado paraguayo.

Todo esto teniendo en cuenta que en el momento de la firma del tratado binacional se encontraba vigente en Paraguay el convenio número 107 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que ratifica mediante la Ley 63/68 sobre poblaciones indígenas y tribales. En su artículo 11 se menciona que se deberá reconocer el derecho de la propiedad colectiva o individual, a favor de los miembros de las poblaciones en cuestión sobre las tierras tradicionalmente ocupadas por ellas.

Cabe mencionar que en el año 2007 las Naciones Unidas promulgaron una declaración sobre los derechos de los pueblos indígenas, que reza en su artículo 28 el derecho a la reparación por cualquier daño o violación a sus derechos humanos.

Así también Victoria Tauli- Corpuz, relatora especial de la ONU para los Derechos de los Pueblos Indígenas, durante su visita al Paraguay en el 2014, recomendó en su informe que se establezca un diálogo de todos los interesados, incluidos los pueblos indígenas, en los casos de las comunidades afectadas por la construcción de la represa de Yacyretá para elaborar un plan de reparación y compensación, así como una estrategia para su aplicación.

Según un informe antropológico de julio del 2005, el pueblo Mbya se halla disperso en el territorio paraguayo, desde la frontera norte con el Brasil, pasando por todo el centro de la región Oriental hasta el Sur de Itapúa.

Se sabe también sobre la presencia de comunidades Mbya en el noreste argentino, Uruguay y en una línea territorial que se extiende en todo el centro del Brasil hasta las costas del Atlántico (San Pablo, Río de Janeiro, Porto Alegre).

Debido a que no se realizaron estudios antropológicos previos a las obras de Yacyreta, se desconoce el número de familias Mbya guaraní que habilitaban el gran Tekoha (donde se habita). Se estima que allí vivían entre 120 y 150 familias.

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