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Leonelia López, el rostro de la violencia paramilitar de El Congal que aún espera reparación del Estado colombiano

Esta mujer de 50 años está representada en un monumento a las víctimas erigido en esta vereda caldense, pero asegura que a pesar de la tragedia que vivió, no ha recibido una sola ayuda oficial.

Diego Carranza Jiménez   | 04.05.2021
Leonelia López, el rostro de la violencia paramilitar de El Congal que aún espera reparación del Estado colombiano EL CONGAL, COLOMBIA - ABRIL 21: Obelisco en memoria de las víctimas de El Congal, que tuvieron que huir en 2002, cuando hombres armados de las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio quemaron el pueblo. Hoy los habitantes están recuperando sus tierras y empezado una nueva vida. (Juancho Torres - Agencia Anadolu)

SAMANÁ, Colombia

Por: Diego Carranza

El Congal es una vereda del municipio de Samaná, departamento de Caldas, que renació después de haber quedado reducida a cenizas por los paramilitares en Colombia.

Un enfrentamiento territorial entre las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio y la guerrilla de las Farc en 2002 obligó a los pobladores de este pequeño centro cafetero a huir y las casas fueron quemadas.

Entre 50 y 60 familias salieron desplazadas hacia diferentes partes del país. Algunas de ellas se quedaron esperando en los lugares a los que tuvieron que huir.

Ese es el caso de Leonelia López, una campesina de 50 años de la que todos hablan en El Congal.

El rostro de esta mujer está representado en una de las caras de un monumento erigido en honor a las víctimas de esta vereda caldense, un obelisco de unos cuatro metros situado en la plazoleta del caserío y que cuenta a través de imágenes la historia de El Congal: la armonía y productividad antes de la guerra, la violencia y el exilio y el esperanzador retorno.

La guerra y el exilio

El 15 de noviembre de 2001, en uno de tantos actos violentos, los paramilitares ingresaron a El Congal y atentaron contra sus pobladores.

Para ese entonces, Leonelia y su esposo, Marco Emilio, tenían tres niños y esperaban el cuarto, pues tenía más de ocho meses de embarazo.

Ella le cuenta a la Agencia Anadolu que su hermana la invitó a desayunar esa mañana y al dirigirse hacia allá, luego de dejar a sus pequeños en la guardería, ocurrió todo.

“Eso fue así de un momento a otro. El esposo mío había salido a trabajar con un niño. Manteníamos ya con mucho miedo, la vida de nosotros en ese tiempo fue muy dura”, recuerda.

Y agrega: “Yo iba pa' donde ella cuando oímos una cosa horrible (voz quebrada). En eso vimos que ya la gente corría por esa plomacera...”.

Leonelia pensó que esos serían sus últimos momentos.

“Hubo un momento en el que todos corrían y uno no sabía para dónde iba. Pa' nosotros no había cercos, no había puertas, no había nada. En ese momento que corrimos tanto, yo me entré pa' donde una hermana mía, pero no estaba allá. Ya se había volado”.

Llegó un momento en el que “no veía gente ni veía nada del miedo”.

“¡Y esas bombas que tiraban! Yo intenté entrarme a la casa, pero como ya estaba cerrada, entonces me volé. Yo cogí un cañizal abajo, lo que más corría yo ya me sentía sola. Ya llegué al charco, era un salto que ahora pienso cómo me tiré que no me pasó nada”, se cuestiona ella misma.

López recuerda que cuando se tiró al pozo cayó sentada y que intentó pararse pero no fue capaz.

“Pensé: 'Dios mío, ¿yo dónde me tiré?'. Y en ese momento se me vinieron a la mente los muchachos (sus hermanos), que los acababa de ver. Y ya, seguro que yo me maluqueé porque yo no me volví a dar cuenta de mí en… ufff, más de medio día. Cuando yo ya volví como a la normalidad, me puse a llorar”, dice.

Ver también: El Congal, la vereda que resurgió de las cenizas de la guerra en Colombia

Al despertar, intentó nuevamente ponerse de pie y caminar, pero tampoco lo logró: “no fui capaz de nada, las fuerzas no me daban. Ya había embolatado los zapatos. Yo pensé: pues aquí ya estuvo...”.

Cuando retornó la calma, varios de sus familiares empezaron a buscarla. Pero a pesar de que oía que la llamaban constantemente, Leonelia o Nena, como le decían, estaba aturdida por la balacera y la caída y no tenía alientos siquiera para responder.

Afortunadamente su cuñado la encontró. No sabía cuántas horas habían pasado. Leonelia seguía desorientada y preguntó por su familia. Las malas noticias no terminaban.

Los paramilitares asesinaron a dos de sus hermanos, Germán y Gilberto López, y al papá de una cuñada de ella.

“Toda esa noche y la semana siguiente fue de profunda tristeza. Ya después fue el desplazamiento (dos meses después, el 18 de enero de 2002)”, lamentó.

Se fue con toda su familia a Florencia, un municipio relativamente cercano, donde en difíciles condiciones, sin colchón ni “ropita ni con qué bañar al niño”, nació su cuarto hijo.

“Tuve el niño en una casa con la mamá mía. Me fue muy mal, claro, porque no teníamos nada”. A pesar de la caída y todo lo que vivió, su hijo nació y hoy vive con sus dos padres en Florencia. Los demás muchachos se fueron a probar suerte a otros rincones de Colombia y desde allá ayudan a su familia.

Leonelia, Marco y su último hijo, de 19 años, siguen en Florencia, aún en el exilio.

Después de 19 años no ha recibido reparación del Estado

“A nosotros nos habían prometido una ayuda desde ese día, pero esta es la hora que el niño tiene 19 años y yo no he sabido qué es recibir una ayuda. Nosotros que sufrimos tanto no hemos recibido nada, eso a uno le da tristeza (…). Ahí pueden ver que la gente cuenta lo de nosotros”, dice con desánimo.

Durante todo este tiempo, trabajó en las cocinas del municipio, pero enfermó mucho y no pudo continuar.

“Yo tengo un problema en un pulmón y no pude volver a trabajar. Estaba en tratamiento hasta ahora un año en marzo que empezó la pandemia y no pude volver. No sé este año cómo vamos a hacer (…). A mí me dio una tos, yo sufrí un dolor en las espaldas y empezaron a hacerme exámenes. Me dijeron que había salido con una manchita muy fea”, relató.

Ahora, Leonelia solo espera salir beneficiada en las próximas sentencias de restitución de tierras para poder volver a su casa con su esposo y su hijo menor y “trabajar la tierrita”.

“No salimos beneficiados en esta (entrega de títulos)… que de pronto en otra, pero a uno se le baja la moral por completo. De pronto en esa estamos nosotros”, concluye, entre la esperanza y el desánimo.

Ver también: Las víctimas del conflicto que cambiaron la siembra de coca en Colombia por la exportación de pimienta a Europa 

Restitución de tierras en El Congal

El caso de El Congal es un doble referente, tanto nacional como internacional: primero, por haber sido una de las zonas más golpeadas del país por el conflicto armado; pero también por haber “sido un trabajo completo y bien hecho” en materia de reparación integral a las víctimas. Así lo aseguran desde funcionarios estatales hasta los pobladores locales.

A mediados de abril, 17 familias víctimas recibieron de parte de la Unidad de Restitución de Tierras (URT) y otras entidades los títulos de propiedad de sus tierras, sus casas y otros servicios y beneficios para una vida digna.

Pese a la entrega de los primeros títulos, aún hay familias que anhelan regresar a su tierra y recuperar la vida y las posesiones que la guerra les arrebató.

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