Susana Patricia Noguera Montoya
31 Diciembre 2017•Actualizar: 01 Enero 2018
Los pueblos indígenas en Colombia han sido por años extremadamente vulnerables al conflicto armado, la pobreza extrema y los cambios climáticos. Dos de ellos son los Sikuani, del territorio Awia Tuparro, y los Mapayerri, del territorio Nacuanëdorro Tuparro, este último en riesgo de extinción por la muerte de sus miembros, en especial, los niños y los ancianos.
Las dos comunidades viven en los alrededores del Parque Nacional Natural del Tuparro, en el municipio de Cumaribo (Vichada), en la frontera con Venezuela.
Ser poseedores de una tierra tan rica los puso en la mira de los promotores de cultivos ilícitos de coca. Su estilo de vida, sincronizado con la naturaleza, fue puesto en riesgo por la deforestación y la guerra que se desarrolló intensamente en el departamento del Vichada.
La zona fue profundamente afectada por los enfrentamientos entre el grupo paramilitar Autodefensas Campesinas de Meta y Vichada (Acmv) y los Frentes 16 y 39 de las Farc.
Un trabajo de campo de las Autoridades Tradicionales Indígenas de Colombia Gobierno Mayor, el equipo Amazon Conservation Team y la Unidad de Restitución de Tierras (URT) encontró que la situación de los dos pueblos indígenas no da espera.
Sufren vulnerabilidad inmunológica, son frágiles ante enfermedades infecciosas, para las cuales no han desarrollado defensas en su organismo.
No pueden acceder libremente a los recursos naturales que necesitan para vivir, debido a amenazas de grupos armados que continúan operando en la zona y les prohíben cazar y recolectar frutos.
Las autoridades decidieron presentar una medida judicial para proteger 200.000 hectáreas de tierra de los pueblos originarios. Buscan iniciar lo antes posible atención y prevención en salud; formular un proyecto etno-educativo; e iniciar la erradicación de cultivos de uso ilícito (coca) concertada con las autoridades indígenas.
También solicitaron que se termine inmediatamente el trámite de constitución de los resguardos y que se active la ruta de protección colectiva que garantice su vida, libertad e integridad.
La idea a futuro es restituirle las tierras, las tradiciones y la calidad de vida que la guerra les robó.