Cultura

Richard Blair, el ‘chamán’ de la música antillana-electrónica

La Agencia Anadolu dialogó con el productor británico acerca de la decadencia de las disqueras y la frivolización de los artistas actuales, entre otros temas.

Santiago Serna Duque   | 16.03.2018
Richard Blair, el ‘chamán’ de la música antillana-electrónica Richard Blair, lider de la banda colombiana Sidestepper. (Foto - Página oficial de Sidestepper).

BOGOTÁ, Colombia

Richard Blair, músico, DJ y productor inglés que lidera la banda Sidestepper habló con la Agencia Anadolu en el marco del evento musical Mestizo, una iniciativa del British Council llevada a cabo en Taganga (Magdalena), que busca desarrollar canales de diálogo artístico con líderes de la cultura musical colombiana y del Reino Unido.

Blair es reconocido por ser el pionero de la cumbia electrónica en el mundo y por expandir los límites del World Music (un género universal que resalta los sonidos étnicos de alguna zona del planeta) con Peter Gabriel, miembro del Salón de la fama del Rock and Roll.

La Agencia Anadolu dialogó con el productor británico sobre las dificultades de llegar al país en la época más aguda del narcotráfico, su radicación en Colombia para crear una música que rescata melodias antillanas y folclóricas atravesadas por la electrónica, la decadencia de las disqueras y la frivolización de los artistas actuales.

¿Qué tiene que ver Totó la Momposina con su llegada a Colombia?

Bueno, yo estaba trabajando en 1993 en un estudio en Inglaterra que se llama Real World y un día el jefe me dijo: “Oiga Rich, vaya y grabe a unos colombianos”, cuando llegué vi que se trataba nada más y nada menos que de Totó la Momposina.

Pasamos una semana muy chévere juntos en la que nos reímos bastante, jamás he gozado tanto en una sección de música. Cuando terminamos de grabar la Totó me invitó a pasear por Colombia y quedé encantado con el país.

Al mismo tiempo dejé de trabajar con Peter Gabriel (integrante de la banda de rock progresivo Génesis y compositor de la banda sonora de La última tentación de Cristo) así que pensé en venirme a vivir un mes a Colombia y ese mes se alargó hasta ahora.

Estamos hablando de una de las épocas más difíciles en Colombia, ¿Cómo le fue tratando de hacer música?

Es cierto que en esa época era supremamente difícil hacer cualquier cosa, lograr que un equipo funcionara u organizar un ensayo, de verdad era muy complicado todo, pero a los ocho días me sentí en casa y eso es algo casi inexplicable.

Colombia me sedujo y yo estaba muy inconforme con la vida en Inglaterra porque la gente del norte de Europa es un poco quejosa, deprimida y no valora todo lo que tenemos. Cuando llegué acá vi que las personas, a pesar de las dificultades, en una realidad llena de violencia, narcotráfico y muerte, eran muy tolerantes y tranquilas, una gran humanidad.

Yo noté que la gente sabía que estaba en medio de un conflicto muy duro y al mismo tiempo se concentraba en las cosas más relevantes de la vida: el amor, la comida, el baile, el fútbol, la rumba y la familia. El colombiano tiene un gran talento, vivir feliz.

Usted estuvo a punto de renunciar a Sidestepper, ¿Por qué? 

Pues durante los años es difícil mantener la cosa. Un amigo dice que uno como líder de una banda es como el entusiasta y eso implica que se debe trabajar mucho pero no te van a pagar por hacerlo, hay que tener demasiada voluntad y empujar para adelante, aunque eso conlleva su precio y uno a veces piensa en resignarse. Después de terminar una gira me cansé de la música que hacíamos y quería desistir, pero bueno, aquí estamos.

Tras cumplir ciclos hay nuevos procesos evolutivos que ayudan a renovar a la banda, por ejemplo, estamos estrenando dos músicos que traen sangre nueva a Sidestepper y que permitirán, ojalá, que este proyecto no termine pronto.

¿Cree que Sidestepper se puede considerar una academia de música que fue el origen de bandas como Chocquibtown o Bomba Estéreo, entre otros?

En cierta manera sí, pero realmente esa no fue la idea original cuando fundé Sidestepper. Soy afortunado porque pude trabajar con nuevos talentos del país como Goyo de Chocquibtown, Teto Ocampo, Iván Benavides, Pernett o Kike Egurrola de Bomba Estéreo, ósea, lo mejor de lo mejor. Era muy grato que ellos me siguieran y colaboraran en la creación musical de la Sidestepper.

Pero la idea de la banda también era organizar una agrupación 'All Stars' en la que cada quien figurara como una estrella independiente donde se es libre de ser entusiasta. Yo les digo a los músicos de Sidestepper: “cuando ustedes vengan a tocar aquí es pa’ aliviarse y sentirse libres, pa que se lo gocen”.

Esa banda ‘All Stars’ tuvo muchos alumnos graduados…

Claro, al tiempo cada uno cogió vuelo propio como Goyo con Chocquibtown o ‘El guajiro’ con Ghetto Kumbé que están pegadísimos, y otros más. Eso a mi me genera el orgullo de un maestro que ve a su pupilo triunfando, me agrada mucho.

Te cuento una anécdota, una noche tocamos en México hace muchos años en un festival colombiano. Esa misma tarima fue pisada por Chocquibtown, Pernett y después vino Sidestepper, lo que terminó siendo severo goce de descarga y relajo de una familia que trabajó junta.

Su último disco, Supernatural Love, está cargado de tambores y flautas ajeno a los beats creados con máquinas de trabajos anteriores. ¿Cada álbum de Sidestepper es una nueva oportunidad para desmarcarse del pasado?

Un poco. Siempre quiero crear una propuesta nueva con cada disco ya que son el resultado de mucha investigación, de un concepto desconocido, de una manera de vivir.

Con Supernatural Love tuvimos el cambio más radical porque nos alejamos de la cumbia electrónica. Como te digo, con la grabación de cada trabajo mi idea es lanzar el disco que no existe, yo me digo: “quiero oír tal vaina, pero si nadie la ha hecho pues nos toca a nosotros inventarla”.

Supernatural Love ofrece una alternativa diferente a la electrónica homogénea que suena no solo en Colombia sino en el mundo, desde Malasia hasta Idaho o Ibagué. La respuesta a eso fue un trabajo arcaico lleno de palmas, semillas, flautas y tambores con sonidos modernos.

¿Cómo sobreviven las grandes disqueras como Sony o las independientes en una industria que se pasó a la venta de música digital?

Yo creo que las grandes disqueras como Sony siguen sobreviviendo apostándole a lo masivo, ahí tienen su 'business’. Mientras que las chiquitas con una reputación muy grande como Real World, venden menos discos, pero son súper importantes para ofrecer alternativas musicales sacrificando sus ventas. Estas últimas son trascendentales porque de otro modo todo el mundo escucharía a Daddy Yankee o Carlos Vives.

Es decir, no hay problema en que exista esa música para las masas, pero también debe haber pluralidad y opciones. Aunque ni siquiera para las grandes disqueras está fácil la cosa y estamos presenciando su muerte lenta.

¿Parte de esa muerte lenta depende de la baja calidad musical?

Es un momento muy raro de la industria en el que prima la plata. Ya la música no importa tanto y los más relevante de un artista es la imagen, lo visual, el mercadeo, el internet, eso va superando al contenido melódico. La música se está convirtiendo en algo parecido a la televisión.

¿Y artistas que ya mencionamos por su originalidad como Chocquibtown o Bomba Estéreo caen en eso?

Sí, pero yo no critico esa decisión porque cada uno debe buscar su pan del día y cómo vivir. Además, en los festivales del extranjero es necesaria una banda como Bomba Estéreo que llega y pone el beat fuerte y se apropia del escenario.

El problema es que esos mismos festivales también se volvieron eventos homogéneos llenos de “chis pum chis pum”. Hace poco estuvimos en un festival grande y fue absurdo porque había tres espacios: los dos más pequeños con músicos tocando instrumentos y, el escenario principal, con un man en un hangar gigante poniendo música electrónica.

¿Eso quiere decir que a las generaciones nacidas en los noventa y principios de siglo les tocaron los peores artistas?

Es que estamos un poco perdidos en el mundo entero en diferentes temas como los medioambientales, existen múltiples conflictos en el planeta y hay mucha frivolización. La música también es un espejo de la mala época.

La verdad me da pesar de la generación de la que hablas porque le han quitado todas las posibilidades que nosotros teníamos. A lo que me refiero es que en el pasado uno podía creer en algo sin importarle el pago, había alternativas. Ahora todo es lo mismo: compra un IPhone, ingresa a Instagram y convierte en un prototipo humano de marca. La vida es puro show y solo convence la fanfarronería y la plata. 


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