Política, Análisis

Gobierno y oposición de Venezuela volverán a sentarse a la mesa de negociaciones

Las conversaciones que se celebrarán en México a mediados de agosto son críticas para Venezuela, que está sumida en una grave crisis humanitaria y cuya economía se ha visto paralizada por años de embargo.

Prof. Dr. Necati Kutlu   | 13.08.2021
Gobierno y oposición de Venezuela volverán a sentarse a la mesa de negociaciones Bandera de Venezuela durante la jornada de manifestaciones del 23 de enero de 2019 contra el segundo mandato de Nicolás Maduro. (Lokman İlhan - Agencia Anadolu)

ESTAMBUL

Por: Mehmet Necati Kutlu*

El Gobierno de Venezuela liderado por el presidente Nicolás Maduro y la oposición liderada por el expresidente de la Asamblea Nacional (AN) Juan Guaidó volverán a sentarse a la mesa.

El presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, anunció el 5 de agosto de 2021 que la tercera ronda de conversaciones entre las partes se realizará en México bajo la mediación de su país y Noruega.

El anuncio de Maduro de que el encuentro sería de carácter "oficial" aumentó la percepción de su importancia y de una manera limitada las expectativas de un resultado.

No es difícil adivinar que antes de las conversaciones se llevaron a cabo reuniones informales y exploratorias entre las partes; funcionarios mexicanos y venezolanos; la administración estadounidense y venezolana.

Es comprensible que los contactos preliminares y sus resultados se mantengan confidenciales. Sin embargo, esta vez, algunos de los temas que se discutirían en la mesa están siendo filtrados ​​por círculos diplomáticos.

Uno de estos temas es la posibilidad de abrir la Embajada de Estados Unidos en Venezuela. El canciller venezolano, Jorge Arreaza, abordó este tema en una entrevista exclusiva con la Agencia Anadolu publicada el 5 de diciembre de 2020 en la que resumió sus expectativas sobre la situación al decir “si dan un paso, daremos dos”.

Los embargos paralizaron el país

Han pasado casi dos años y medio desde que Guaidó se autoproclamó presidente. Desde entonces, intentó tomar las riendas de la administración de diferentes maneras, tales como llamar a países extranjeros a intervenir, asaltar bases militares, ignorar al Gobierno, traer suministros de ayuda por la fuerza desde un país vecino, y usurpar la autoridad de la oficina presidencial.

El líder opositor no respetó las elecciones, el camino legítimo al poder en las democracias. La oposición boicoteó las elecciones celebradas el 6 de diciembre de 2020 en el país, por lo que no sorprendió que el partido de Gobierno ganara la mayoría parlamentaria con una participación electoral de solo el 30%.

Guaidó, cuyas funciones como presidente de la Asamblea expiraron el 5 de enero de 2021, dijo que no reconocía las elecciones y que continuaría en el cargo, uno de los mediocres e ilegítimos intentos de la oposición.

Durante este periodo de tiempo, el elemento más desafiante para el Gobierno venezolano y el factor que alimentó el descontento en el país al rebajar la calidad de vida de los ciudadanos fueron los embargos impuestos por diversos Estados, especialmente Estados Unidos y países de la Unión Europea.

Las sanciones aplicadas en casi todas las áreas de las relaciones internacionales, especialmente en la importación, exportación, transporte y banca, ataron las manos del país y dificultaron enormemente la vida de los venezolanos.

Mientras los países trataban de curar las heridas causadas por el coronavirus a través de sus propios medios financieros y la ayuda internacional, Venezuela tuvo que afrontar la pandemia de forma aislada, contrario a los derechos humanos.

Muchos de los países de Latinoamérica dependen económicamente de las exportaciones de materias primas y las caídas de los precios en los mercados internacionales provocaron graves crisis en la región.

La materia prima principal de Venezuela es el petróleo, por lo que la economía del país depende en gran medida de su exportación. El mercado interno venezolano, que depende completamente de las importaciones, se bloquea fácilmente si hay un problema en la importación de productos procesados, incluida la gasolina, o en el flujo de divisas.

A Venezuela se le impide exportar crudo, importar los elementos necesarios para el país, comerciar en dólares estadounidenses e incluso pedir prestado. Esta situación dificulta que los ciudadanos tengan acceso a los bienes y servicios, y perjudican su salud.

En 2017, las sanciones llegaron al punto que los bancos estadounidenses impusieron restricciones a las transacciones para exportar al país suministros médicos vitales, incluida la insulina.

En ese período, varios países de Latinoamérica y Europa también impusieron restricciones a la exportación de una serie de bienes vitales a Venezuela, desde medicamentos para la diálisis hasta vacunas.

El país con el 18% de los depósitos de petróleo comprobados del mundo, experimentó graves problemas en el suministro de gasolina debido a la de falta de repuestos y mantenimiento en las refinerías, y a las restricciones a la importación de productos derivados del petróleo.

Las difíciles condiciones de vida hicieron que más de cinco millones de venezolanos, casi el 20% de la población, abandonaran el país y se dispersaran por todo el continente americano, lo que provocó problemas económicos y sociales inesperados en los países huéspedes.

Ver también: Venezuela: la guerra simbólica por deslegitimar al presidente.

Las prioridades de las partes

Esta imagen de la situación social y económica por la que atraviesa el país revela la importancia de las conversaciones que se realizarán en México a mediados de agosto. Otro aspecto importante a tener en cuenta es que estas conversaciones avanzarán muy lentamente. No se debe esperar que las negociaciones que probablemente den dos pasos adelante y uno atrás den resultados de hoy a mañana. Pueden pasar meses o incluso años para que las partes, junto con sus aliados, determinen cuántas concesiones harán para proteger sus propios intereses y logren resultados visibles. No obstante, lo importante es que las negociaciones comenzarán.

Las condiciones planteadas por las partes para las conversaciones se lleven a cabo, revelan las prioridades de cada quien: mientras la oposición quiere garantías de que las elecciones locales que se realizarán el 21 de noviembre se realizarán de manera justa y transparente para poder participar en ellas, el Gobierno de Maduro exige que se levanten inmediatamente las sanciones internacionales impuestas al país.

Guaidó, que no pudo tomar la administración del país a pesar del enorme apoyo internacional, hizo un llamado en mayo para llegar a un "acuerdo de salvación nacional", en el marco de la profunda crisis económica y los problemas médicos y humanitarios en Venezuela.

En respuesta a este llamado, Maduro planteó tres condiciones para reunirse con la oposición: el levantamiento de todas las sanciones contra el país, el reconocimiento de la Asamblea Nacional electa el 6 de diciembre de 2020 y las otras instituciones estatales, y la devolución de las cuentas bancarias y los activos a las instituciones como PDVSA (estatal petrolera) y el Banco Central de Venezuela.

"Si se aceptan las tres condiciones que mencioné, estoy listo para hablar y negociar todo después de eso, tenemos las elecciones del 21 de noviembre, todos pueden mostrar su propia fuerza en esas elecciones", aseguró el mandatario en una declaración sobre el tema.

En resumen, al considerar las experiencias de México y Noruega en el campo de la mediación y la facilitación de la diplomacia, es posible decir que los encuentros entre el Gobierno y algunos representantes de la oposición venezolana se llevarán a cabo en el lugar y momento adecuados.

Por otro lado, no debe olvidarse que las diferencias de opinión entre las partes dificultan la reconciliación, por lo que la actitud más acertada es esperar con cauteloso optimismo a que las negociaciones se desarrollen y tener paciencia con respecto a los resultados que se puedan obtener.

*Mehmet Necati Kutlu es el director del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Ankara, con sede en Turquía.

Las opiniones expresadas en este artículo son del autor y no reflejan necesariamente la política editorial de la Agencia Anadolu.

**Aicha Sandoval Alaguna contribuyó con la redacción de esta nota.

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