Análisis

Este es el contexto internacional y los posibles escenarios de la crisis política en Túnez

La circunstancia más dramática para el país sería que el 'golpe burocrático' se convierta en un golpe militar similar al de Egipto en 2013.

Doç. Dr. Veysel Kurt   | 28.07.2021
Este es el contexto internacional y los posibles escenarios de la crisis política en Túnez Los tunecinos salieron a las calles a protestar en respuesta a los problemas en el sector de la salud en el país y exigieron la renuncia del Gobierno y la disolución del Parlamento en Túnez, Túnez el 25 de julio de 2021. (Yassine Gaidi - Agencia Anadolu)

Estambul

*Por: Veysel Kurt

En Túnez, el único país donde las revueltas árabes tuvieron éxito y se pudieron celebrar elecciones democráticas, la crisis política estalló nuevamente. El 25 de julio, el presidente Kais Saied suspendió las funciones del Parlamento por un mes, destituyó al primer ministro y a su Gobierno y anunció que nombrará a un nuevo primer ministro imparcial lo antes posible. A los diputados se les prohibió salir del país y el Parlamento fue cerrado. Unidades del Ejército rodearon el edificio del Parlamento con vehículos pesados ​​e impidieron la entrada al recinto parlamentario de su presidente y líder del Movimiento Ennahda, Rashid Ghannouchi, así como otros diputados.

Saied advirtió que "si se usan armas, las fuerzas de seguridad responderán con armas". Declaración suya que causó gran preocupación en general. Túnez no ha sido testigo de nada parecido a una guerra civil, incluso durante los levantamientos populares de la primavera árabe en 2011. Más allá de la crisis política, muchos describen estos acontecimientos como un "golpe burocrático". El punto a destacar aquí es que el Parlamento fue suspendido durante 30 días en lugar de ser disuelto. Si se hubiese disuelto, se tendrían que volver a celebrar elecciones generales y presidenciales. El hecho de que Saied afirmara que permitirá al Gobierno desempeñar sus funciones tras el nombramiento de un nuevo primer ministro no cambia la situación.

La relación regional e internacional de la crisis

No es posible interpretar la crisis en Túnez sin comprender el cambio experimentado a nivel regional desde 2011. Existe una seria competencia entre la voluntad de cambio, en línea con la voluntad de la ciudadanía, y la voluntad de las fuerzas que abogan por el statu quo y quieren restablecer los regímenes autoritarios. Un conflicto/competencia visible entre la mentalidad golpista y la voluntad popular continúa en la región, especialmente después del golpe de Estado de Egipto, en 2013. Esta competencia lleva manifestándose a lo largo de los últimos diez años en diferentes países de la región y en diferentes formas. Cualquier retroceso en el sistema democrático establecido en Túnez tras grandes sacrificios resultaría en un golpe final a la voluntad del pueblo.

Todos los gobiernos establecidos en Túnez después de 2011, especialmente después de 2019, adoptaron una postura imparcial hacia prácticamente todos los asuntos regionales en un intento por centrarse en los asuntos internos. Esta neutralidad fue muy clara tanto durante las manifestaciones en Argelia como las de Libia. En este contexto, es necesario prestar atención a la actitud de Túnez en lo que a la situación en Libia se refiere.

Geopolíticamente Túnez posee frontera marítima y terrestre con Libia, y por lo tanto, tiene la posibilidad de influir en la crisis de Libia en el caso de que adopte una postura activa. Se sabe que, de vez en cuando, países a favor del general golpista Jalifa Haftar, especialmente Francia, presionan a Túnez para que se aproveche de esta posición geopolítica suya. Sin embargo, Saied ha preferido actuar con imparcialidad hasta el momento. Túnez apoyó la formación del Gobierno en Libia bajo el paraguas de las Naciones Unidas, así como el proceso de paz iniciado por la ONU. Es entonces cuando algunos actores no dudaron en manifestar su hostilidad hacia Ennahda y trataron de achacar todos los problemas del país a este partido político. Los gobiernos formados en febrero de 2020 y agosto del mismo año eran gobiernos de coalición en los que Ennahda tenía muy poca influencia. La institución de más alto nivel que gestiona Ennahda es el Parlamento de Túnez.

Ver también: Secretario de Estado de EEUU habló sobre el 'golpe de Estado' con el presidente de Túnez

Esta hostilidad fue promovida especialmente por Abir Musi, líder del Partido de la Constitución Libre, quien se alinea con la retórica oficial y la visión regional de Emiratos Árabes Unidos. El discurso ultraopositor de Musi en el Parlamento y sus continuos intentos por impedir el funcionamiento del mismo son bien conocidos por el público nacional e internacional. Recientemente organizó manifestaciones en contra del Gobierno, especialmente aquellas que tuvieron lugar después de las declaraciones del presidente Saied. Por lo tanto, no es posible evaluar estos desarrollos en Túnez independientemente de los desarrollos regionales en términos temporales. Precisamente esta es la dimensión de la cuestión que está estrechamente relacionada con Turquía.

Posibles escenarios

Las decisiones que Saied implementó con el apoyo de las fuerzas de seguridad y el Ejército marcarán el futuro cercano del país. Las instituciones que pueden jugar un papel importante en este proceso son sin duda aquellas que cuentan con el apoyo popular, especialmente el Ejército y Ennahda. El Ejército tunecino es uno de los menos motivados políticamente en comparación con otros países de la región y prefiere no interferir de manera efectiva en la política del país. En los disturbios de 2011, el Ejército rechazó las órdenes del expresidente Zine El Abidine Ben Ali de intervenir en las manifestaciones, allanando así el camino a la revolución popular y ganándose la confianza del pueblo. En el caso actual, la actitud del Ejército será una de las principales dinámicas que determinará el desarrollo de los acontecimientos. Por el momento, el Ejército acató todas las órdenes del presidente. Asedió el Parlamento y rechazó la demanda de su presidente, Ghannouchi, de reabrirlo con la excusa de que siguen "órdenes". Pero también es obvio que el Ejército está mostrando la sensibilidad necesaria para que los hechos no se intensifiquen y den la imagen de "guerra civil" en el país. Por su parte, Ghannouchi aseguró que "el Ejército no se dejará utilizar", una señal que puede interpretarse como un llamado al Ejército para que actúe con sabiduría y sensibilidad en este proceso.

Tras las declaraciones del presidente, Ennahda llamó a los ciudadanos y a los partidos en contra del “golpe” a proteger el Parlamento, a reunirse en las plazas y a actuar de manera conjunta. El expresidente Moncef Marzouki, el Partido Obrero de Túnez y el Partido Republicano de Túnez declararon estar en contra del golpe y que el presidente debe revocar su decisión.

Ver también: El presidente de Túnez niega las acusaciones de haber cometido un golpe de Estado

El escenario más optimista para Túnez sería que el presidente revoque sus decisiones. Esto es lo que debería suceder en orden de mantener logros democráticos conseguidos tras la revolución de 2011. Tal decisión es fundamental para minimizar las consecuencias de las heridas que la democracia ha sufrido. Sin embargo, desde un punto de vista realista, desafortunadamente, la probabilidad de que este escenario se dé es muy baja.

Un segundo sería nombrar un nuevo primer ministro en las condiciones actuales con un Gobierno tecnocrático y celebrar elecciones lo antes posible. Sin embargo, esto requerirá la extensión del actual estado de emergencia de treinta días. En ese caso, la reacción de la oposición provocaría, inevitablemente, una escalada de la tensión. El tercer escenario sería formar un gobierno como resultado de un acuerdo entre el presidente y los partidos políticos, reabrir el Parlamento y realizar elecciones. El cuarto escenario, el peor para Túnez, sería que el “golpe burocrático” se convirtiera en un golpe militar similar al de Egipto en 2013. Para que los dos últimos y similares escenarios no sucedan, todos: los partidos políticos, la gente, el Ejército y el presidente, deben actuar responsablemente. De lo contrario, supondría un golpe duro a los actores internacionales que buscan establecer la paz en la región, especialmente Turquía.

La postura de Turquía

Desde el primer momento, Turquía no dudó en declarar su posición frente a los acontecimientos en Túnez. Sus declaraciones oficiales se centran en la democracia, los beneficios y los intereses del pueblo tunecino. El Ministerio de Relaciones Exteriores expresó su preocupación por la suspensión del Parlamento, llamó a las partes a volver al proceso constitucional democrático y afirmó que Turquía continuará apoyando a los tunecinos. El director de Comunicaciones de la Presidencia, Fahrettin Altun, también destacó que Turquía siempre está del lado de la democracia y pidió que se vuelva al proceso democrático. Turquía seguirá esforzándose por aliviar la crisis, pero no guardará silencio en caso de que el proceso se convierta en un golpe militar, una guerra civil o en un hecho consumado que ponga en peligro sus intereses regionales.

Ver también: Turquía condena el "golpe de Estado" en Túnez

* Las opiniones expresadas en este artículo son del autor y no reflejan necesariamente la política editorial de la Agencia Anadolu.

** El profesor Veysel Kurt es miembro de la facultad de la Universidad Medeniyet de Estambul; trabaja en los campos del autoritarismo, la democratización, las relaciones entre militares y civiles en Oriente Medio, y también trabaja en la Dirección de Estudios Estratégicos (SETA).

*** Traducido por Daniel Gallego.

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