Política, Análisis

El caos político y los enfrentamientos agravan la crisis de la pandemia en Myanmar

Desde hace un mes, los hospitales sufren escasez de cilindros de oxígeno. En ciudades metropolitanas como Rangún, los familiares de los pacientes intentan conseguirlos por sus propios medios porque no se encuentran en los hospitales.

Ömer Faruk Yıldız   | 30.07.2021
El caos político y los enfrentamientos agravan la crisis de la pandemia en Myanmar RANGÚN, MYANMAR - JULIO 14: Un grupo de personas sostiene pancartas y bengalas durante una manifestación contra el golpe militar en Rangún, Myanmar, el 14 de julio de 2021. (Yan Naing Aung - Agencia Anadolu).

ESTAMBUL

Por: Omer Faruk Yildiz

El alcance de la crisis social en Myanmar, sumado a las consecuencias del golpe militar del 1 de febrero y la destrucción causada por la pandemia en el último año, es preocupante.

La inestabilidad política, los enfrentamientos entre el Ejército y la oposición tras el golpe, los civiles desplazados y la crisis humanitaria se convirtieron en los principales problemas del país asiático, eclipsando por completo la lucha contra la COVID-19.

La lucha contra la pandemia se suspendió luego de que la gran mayoría de los empleados sanitarios respondieran a los llamados de desobediencia civil y empezaran a participar en las protestas en contra del golpe. El vacío creado por los despidos de estos empleados no se empezó a sentir hasta mayo. A mediados de mayo, las protestas antigolpistas se convirtieron en enfrentamientos armados y muchos civiles se vieron forzados a abandonar sus hogares, especialmente en los estados de Chin, Karen y Kachin, lo que desencadenó la tercera ola de la COVID-19 en el país.

Desde el 28 de junio, el aumento de casos en Myanmar es de cuatro dígitos. Desde el 16 de julio, los casos diarios superaron los cinco mil, mientras que las bajas diarias son de tres dígitos desde el 13 de julio. El número de positivos superó los 280.000, el de víctimas es de 8.000 y el de casos activos ronda los 77.000. Cabe señalar que estos datos pertenecen al Ministerio de Salud dirigido por la junta militar, la cual es incapaz de realizar las pruebas adecuadas en las poblaciones rurales, por lo que las cifras reales deben ser mucho más altas de lo que reflejan las autoridades "oficiales".

Ko Ye Thiha Aung, presidente de la organización benéfica Karyakanmyitta que opera en Sagaing, una de las regiones centrales del país, dijo al periódico The Irrawaddy, conocido por su oposición a la junta militar, que al menos 600 personas murieron debido a COVID-19 en la ciudad de Kale desde junio, pero que la administración militar comunicó solo seis bajas. Aung señaló que el Ministerio de Salud solo realiza un seguimiento de aquellos que perdieron la vida en los hospitales, pero cientos de pacientes murieron en sus casas durante la cuarentena domiciliaria. Estas declaraciones reflejan la gravedad de la situación en una sola ciudad en un país con una población de 54 millones de habitantes.

El Gobierno civil anterior al golpe logró contener la pandemia a pesar de la escasez de recursos gracias al trabajo coordinado entre el Gobierno y la burocracia, una gestión sanitaria organizada y el pleno apoyo de la gente. El hecho de que la pandemia no empezara a sentirse hasta agosto de 2020, que el número de casos diarios no superara los 2.000 y que no se observara un aumento de casos a pesar de las elecciones generales de noviembre llamó la atención de la Organización Mundial de la Salud (OMS). En cambio, hoy no se puede determinar el número exacto de casos, los centros epidémicos no pueden rastrear los contactos y los equipos médicos, especialmente los cilindros de oxígeno, no se pueden procurar debido a que los países vecinos cerraron sus fronteras terrestres.

Según datos de Naciones Unidas (ONU), aproximadamente 230.000 civiles fueron desplazados desde el golpe debido a los conflictos armados. Los civiles, refugiados en campamentos, algunos en zonas montañosas o boscosas y otros en países vecinos, tienen dificultades para satisfacer sus necesidades alimentarias básicas y son extremadamente vulnerables a la pandemia. Desde el golpe, 157 trabajadores de la salud fueron asesinados como resultado de las intervenciones militares contra los opositores, mientras que se emitieron órdenes de arresto contra 580 trabajadores de la salud que participaron en actos de desobediencia civil.

El ala política antigolpista insiste en no reconocer a la administración militar, pero también decidió priorizar la agenda de lucha contra la pandemia. El Gobierno de Unidad Nacional (NUG), conocido como el "gobierno civil", formó el Grupo de Trabajo COVID-19. Se espera que este organismo contribuya a la lucha contra la pandemia de forma extraoficial movilizando a un gran número de trabajadores de la salud que actualmente participan en actos de desobediencia civil en todo el país.

No es difícil ver que Myanmar no puede superar la pandemia con sus propios esfuerzos en medio de la inestabilidad política y la división. Para que Myanmar pueda hacer frente a la COVID-19, necesita asistencia humanitaria y médica tanto de la comunidad internacional como de los países vecinos. Sin embargo, se sabe que la junta militar no ve con buenos ojos aceptar ayuda internacional.

Desde hace un mes, los hospitales sufren escasez de cilindros de oxígeno. En ciudades metropolitanas como Rangún, los familiares de los pacientes intentan conseguirlos por sus propios medios porque no se encuentran en los hospitales. Por el contrario, la administración militar niega escasez de cilindros de oxígeno en los hospitales y acusa al público de entrar en pánico innecesariamente. El 12 de julio, la administración militar prohibió la venta de cilindros de oxígeno y decidió suministrarlos directamente a los hospitales cuando fuera necesario. Sin embargo, a pesar de esto, las organizaciones voluntarias de salud afirman que la necesidad de cilindros de oxígeno en los hospitales persiste.

Además del cilindro de oxígeno, también se necesitan suministros médicos como máscaras médicas, desinfectantes para manos y medicamentos. En este sentido, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados tomó la iniciativa la semana pasada para proporcionar ayuda médica y alimentaria a los civiles desplazados en Mindat. Sin embargo, estas ayudas no pudieron llegar a la cantidad prevista de personas porque la administración militar no permitió el paso a muchas regiones montañosas. Frente a los obstáculos de la administración militar, los grupos armados en contra del golpe y el NUG no consiguen adoptar una postura constructiva sobre la entrega de ayuda humanitaria, ya que la comunidad internacional no los reconoce.

Hasta el momento no se ha proporcionado ayuda médica o humanitaria a Myanmar desde países vecinos a pesar de ser una de las decisiones tomadas en la reunión de líderes de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) el 24 de abril. Así mismo, la ASEAN no tomó medidas concretas para resolver la crisis política ni la pandemia en Myanmar.

Otro problema sin resolver son las vacunas. Al igual que el número de casos, existe incertidumbre en los datos sobre las vacunaciones. La administración militar anunció que China suministrará dos millones de dosis, pero todavía no hay información sobre cuándo llegarán al país y cómo se administrarán. Algunos grupos étnicos armados iniciaron sus propios programas de vacunación luego de haber obteniendo vacunas de países como China y Tailandia por iniciativa propia. El Ejército de Independencia de Kachin, que recientemente tomó la provincia de Kachin, anunció la adquisición de 10.000 dosis de China. Myanmar sigue sin recibir ayuda de vacunas del programa Covax, que tiene como objetivo proporcionar vacunas a países de bajos ingresos. En resumen, la vacunación en el país no se realiza en cantidades suficientes y no está centralizada.

Como resultado, existe una seria incertidumbre sobre cómo evolucionará la crisis de la pandemia que el golpe militar agravó en Myanmar. La crisis, cada vez más compleja, necesita de una solución nacional e internacional urgentemente, de lo contrario, Myanmar podría convertirse pronto en el nuevo epicentro de la pandemia en el sudeste asiático, y esto afectará no solo al país, sino a toda la región.

Teniendo en cuenta que la mayoría de las actividades ilegales como el tráfico de personas y de drogas en el sudeste asiático se llevan a cabo a través de Myanmar, se puede decir que existe el peligro de que la epidemia se propague a los demás países de la región. La frase "nadie está a salvo hasta que todos estén a salvo", expresada con frecuencia desde que la pandemia mostró su dimensión en todo el mundo, ahora explica plenamente la situación en Myanmar.

*Traducido por Daniel Gallego.

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