Análisis

Nueve hechos que deben suceder para que Myanmar se convierta en una sociedad inclusiva

El retorno del Gobierno civil, la formulación de una nueva Constitución y el retiro de las tropas del Ejército son algunas de las medidas que se deben tomar para que haya un cambio tras el golpe de Estado.

Maung Zarni   | 24.02.2021
Nueve hechos que deben suceder para que Myanmar se convierta en una sociedad inclusiva Manifestaciones en Myanmar luego del golpe de Estado (Agencia Anadolu)

Londres

Por: Maung Zarni

El pasado lunes las calles de las ciudades y pueblos de Myanmar se inundaron con miles de personas y vehículos durante una protesta a nivel nacional contra el golpe de Estado, realizado el 1 de febrero, y la represión mortal de las autoridades.

Durante las últimas tres semanas, las masas de manifestantes en Mandalay, así como en Rangún y otros pueblos y ciudades, han realizado protestas pacíficas, extremadamente disciplinadas, desafiantes y creativas.

En ciudades más pequeñas como Putao, en el norte de Myanmar y Pyinmana, adyacentes a la capital Naipyidó, donde las protestas no fueron tan grandes o abrumadoras, videos subidos en Facebook han registrado a los policías y soldados armados con ametralladoras persiguiendo a los manifestantes.

Los integrantes de la comunidad LGBTQ se presentaron en los mítines, envueltos en banderas del arcoiris, junto con activistas de comunidades religiosas.

Mientras las tropas detuvieron y se llevaron a la conocida activista de la comunidad LGBTQ Ma (Sra.) Phae Wa, quien vestía un tradicional pareo amarillo sedoso que, como un signo de rebelión, vestía al revés.

Así mismo, el grupo golpista se ha visto privado de un Estado funcional, debido a que cientos de miles de funcionarios públicos se han negado a trabajar en los órganos estatales controlados por los militares.

Además, el Ejército, también conocido como Tatmadaw, ha recibido un golpe devastador a su reputación y posición en la sociedad desde su fundación bajo el patrocinio fascista de Japón durante la Segunda Guerra Mundial. La sociedad birmana ha catalogado a los militares como "terroristas y no como fuerzas armadas".

De esta forma, los pueblos multiétnicos de Myanmar han hablado al unísono y sin equivocación. Su mensaje: "Nosotros, el pueblo de Myanmar, ya no tememos las balas del Ejército, reales o de goma, las redadas nocturnas y los secuestros, las detenciones arbitrarias e ilegales, la tortura y el encarcelamiento ilegal con trabajos forzados sin el debido proceso".

El mensaje más amplio de los manifestantes va más allá de la "libertad sin miedo" o el llamado a la reinstalación del Gobierno electo de Aung San Suu Kyi: millones de manifestantes quieren construir un tipo de sociedad cualitativamente diferente al racista y divisivo modelo que ha estado vigente en la nación y que fue moldeado por el Ejército.

La comunidad exige un sistema democrático que funcione y sea genuino, no "disciplinado por el Ejército", exige una sociedad inclusiva y empática que celebre la diversidad y no se aproveche de la división religiosa y racial de la nación.

Un Myanmar inclusivo

Con un sentido de esperanza cautelosa y un deseo de lo que potencialmente podría ser Myanmar: una sociedad multiculturalista vibrante, inclusiva, indulgente y tolerante, estas son las nueve cosas que creo se necesitan con urgencia para evitar la perspectiva inminente de otros 50 años de aislamiento, condenas internacionales, el estatus de paria resultante, luchas internas, guerra civil en curso, pobreza, odio y racismo.

La primera tendrá que ser la liberación incondicional de todos los parlamentarios electos y otros ciudadanos detenidos desde el pasado1 de febrero, que, según la Asociación de Asistencia para expresos políticos, se acercan a los 1.000.

En segundo lugar, el Gobierno de Aung San Suu Kyi debe restablecerse, no como partido gobernante hasta 2025, sino como Gobierno interino al que se le debe encomendar la tarea de redactar una nueva Constitución centrada en las personas y no como la Carta Magna de 2008 que fue redactada por y para los militares.

La naturaleza provisional del Gobierno de Suu Kyi está destinada a abordar las preocupaciones válidas de que su partido, la Liga Nacional para la Democracia, se ha convertido en una autocracia de partido único. De esta forma, el dominio absoluto de la Sra. Suu Kyi es, objetivamente hablando, un obstáculo fundamental en la política democrática de Myanmar.

En tercer lugar, el Consejo Administrativo del Estado debe dimitir a cambio de una amnistía especial por parte del Gobierno interino. Los generales de este Consejo han sido incluidos en la lista de "personas de interés" por Estados Unidos, Reino Unido, Canadá y Australia.

En cuarto lugar, la Constitución debe retornar el poder y papel de todos los demás órganos del Estado (como ejecutivo, judicial y legislativo) que fueron supeditados a los militares para institucionalizar sus intereses y prerrogativas.

Quinto, con el apoyo y la cooperación del Gobierno interino, el liderazgo militar y las naciones multiétnicas del país deben redactar una Constitución popular inclusiva junto con la visión nacional claramente articulada por el padre de la Sra. Suu Kyi, el martirizado Aung San, quien también fue fundador del Ejército birmano.

Según la visión original del difunto Aung San, una nueva Myanmar poscolonial e independiente debía ser una unión secularista, y no racial, de naciones étnicas libres e iguales que formen voluntariamente una unión más fuerte y rica a partir de una mirada de comunidades con diferentes culturas, historias, identidades, idiomas y costumbres.

En sexto lugar, debe haber un nuevo compromiso para construir, después del golpe de Estado, una Myanmar donde exista una unión genuina entre las comunidades y regiones étnicas. La desviación radical de esta visión fundacional ha desencadenado una larga serie de conflictos armados en el país desde el prematuro asesinato de Aung San en 1947.

La propia Sra. Suu Kyi no ha interiorizado el principio sagrado de igualdad de los grupos étnicos de su padre. Trágicamente, ha cantado el mismo himno del Ejército birmano centrado en Myanmar o Bama, y se ha puesto del lado de los militares frente a las minorías nacionales que buscan la autonomía.

En séptimo lugar, para comenzar a avanzar hacia este objetivo, los líderes militares deben hacer esfuerzos de buena fe para retirar las tropas del Tatmadaw de los estados donde la comunidad budista no constituye la mayoría, que representan alrededor del 40% de la población total y quizás aproximadamente la mitad de los territorios del país.

En octavo lugar, el nuevo Gobierno tendrá que seguir el ejemplo del Movimiento de Desobediencia Civil sobre el racismo birmano infame mundial y desinstitucionalizarlo en las escuelas, los discursos oficiales, los medios de comunicación y los lazos comunitarios.

Como se evidencia en las pancartas y carteles contra el racismo expuestos en las manifestaciones, la sociedad birmana en general está desaprendiendo el racismo hacia los no budistas.

El racismo "profundamente arraigado" y ampliamente denunciado de la sociedad mayoritaria birmana no es inherente a la sociedad ni está codificado en el ADN mental de la mayoría budista.

Y, por último, la conciencia pública birmana se ha despertado con rudeza a favor de los derechos humanos para todos. Este despertar se ha dado gracias a las cientos de imágenes de solidaridad y empatía que provienen incluso de los sobrevivientes del genocidio de Myanmar, hasta los campos de refugiados de Cox's Bazar y la diáspora rohinyá en todo el mundo.

El nuevo Gobierno y la sociedad deben extender los derechos humanos y la democracia al millón de rohinyás que sobrevivieron a diferentes oleadas de purgas genocidas tras su huida a través de las fronteras de Bangladés.

Sé que se trata de una lista muy larga para una sociedad y política que han estado marcadas y estropeadas por nada más que conflictos, pobreza, racismo, sexismo, discriminación contra la comunidad LGBTQ y clasismo.

Ver también: Una multitud de manifestantes desafía a la junta militar de Myanmar

Pero las revoluciones son eventos sísmicos que desencadenan el surgimiento de una nueva conciencia colectiva. La sociedad de Myanmar está experimentando este cambio progresivo de conciencia. Su gente necesita y merece un liderazgo político que tenga una visión nacional y la capacidad de realizarla.

*El escritor es el coordinador birmano de la organización Free Rohingya Coalition con sede en el Reino Unido y miembro del Centro de Documentación sobre el Genocidio en Camboya.

* Las opiniones expresadas en este artículo son del autor y no reflejan necesariamente la política editorial de la Agencia Anadolu.

*Juan Felipe Vélez Rojas contribuyó con la redacción de esta nota.


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