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Los acuerdos bilaterales entre Grecia y Egipto ponen en peligro la paz y la estabilidad en el Mediterráneo oriental

Antes de que sea demasiado tarde, es hora de que Grecia, la administración grecochipriota y Egipto prueben un enfoque más constructivo para resolver las disputas actuales con Ankara.

Enes Yavuz   | 10.08.2020
Los acuerdos bilaterales entre Grecia y Egipto ponen en peligro la paz y la estabilidad en el Mediterráneo oriental Egipto y Grecia firmaron hace una semana un acuerdo de demarcación marítima que establece una zona económica exclusiva entre ambos países. (Archivo - Agencia Anadolu).

ESTAMBUL

El jueves pasado, Grecia y Egipto firmaron un acuerdo marítimo inviable, que generó más fricciones y profundizó el conflicto internacional en el Mediterráneo oriental. Este acuerdo está lleno de ramificaciones que ponen en peligro la paz y la estabilidad regional al violar las plataformas continentales de Turquía y Libia.

En lugar de buscar una resolución mutua que incluya a todas las partes interesadas, Atenas y El Cairo se embarcaron en una asociación bilateral que no se basa en hechos regionales; un claro ejemplo de un unilateralismo geopolítico no constructivo que alimenta la tensión en la región. Ankara ve este acuerdo como un movimiento provocador para aislar a Turquía, la República Turca del Norte de Chipre (TRNC), e incluso a Libia, del Mar Mediterráneo para que no se aprovechen de los recursos de la región.

El Ministerio de Relaciones Exteriores de Turquía ha enfatizado: “El área supuestamente delimitada se encuentra dentro de la plataforma continental turca, según lo declarado a las Naciones Unidas. Este supuesto acuerdo también intenta usurpar los derechos de Libia”.

La diplomacia contra Turquía del primer ministro griego Kyriakos Mitsotakis y del presidente egipcio Abdel Fattah al-Sisi ha sido un obstáculo importante en los últimos años. La politiquería y las maniobras baratas de Atenas y El Cairo han paralizado un diálogo potencialmente fructífero. Estas tácticas han impedido que todos los actores del Mediterráneo oriental se beneficien del potencial energético mientras aumentan las tensiones en la región.

Ver también: Turquía asegura que el acuerdo marítimo entre Grecia y Egipto no tiene valor.

Antes de que sea demasiado tarde, es hora de que Grecia, la administración grecochipriota y Egipto prueben un enfoque más constructivo, a saber, la cooperación regional. Este enfoque sería mucho más productivo para resolver las disputas actuales con Ankara y puede allanar el camino para una solución fructífera de los problemas existentes.

Antes de este acuerdo marítimo entre Grecia y Egipto, durante un tiempo pareció que el sentido común comenzaba a prevalecer en Atenas. Parecía haber una nueva intención de entablar un diálogo. Por ejemplo, las recientes declaraciones de diplomáticos griegos parecían inclinarse hacia la búsqueda de un acuerdo político y encontraron eco en Turquía.

En este contexto, la semana pasada, después de describir a Grecia como un "vecino importante", el portavoz presidencial de Turquía, Ibrahim Kalin, declaró: "Mientras continúan las negociaciones, seamos constructivos y mantengamos (la búsqueda de energía) por un tiempo... Estamos listos para discutir (todas las disputas) con Grecia sin ninguna condición".

Ver también: Turquía asegura que el acuerdo marítimo entre Grecia y Egipto no tiene valor.

Quizás los nuevos tonos conciliadores entre los protagonistas de larga data serían el comienzo de una solución duradera al dilema energético del Mediterráneo oriental.

Sin embargo, este acuerdo marítimo inviable también ha estancado una cooperación potencialmente fructífera en la región.

Estas asociaciones proyectadas con Turquía también se beneficiarían de la capacidad turca y podrían impulsar de manera eficiente los aspectos comerciales de los recursos de gas natural recién descubierto. Este último se conectaría al creciente "centro energético panregional" que Ankara ha estado construyendo en las últimas dos décadas. Con sus gasoductos de energía existentes como TurkStream y TANAP, la producción de energía del Mediterráneo oriental llegaría fácilmente a los mercados europeos.

Tales asociaciones de perforación y transporte mutuamente beneficiosas son solo la punta del iceberg. La región ampliaría considerablemente la cooperación en muchos otros niveles económicos.

Por supuesto, un escenario tan ideal enfrenta numerosos obstáculos. Además de los políticos de línea dura, cuyas carreras dependen de hacer declaraciones incendiarias, también hay desgana en algunos sectores europeos, especialmente en Francia.

París ha inflamado notoriamente la situación. En lugar de alentar un plan para un acuerdo justo que pudiera ser aceptado por todas las partes en la región, el presidente francés, Emmanuel Macron, exigió sanciones de la UE contra Turquía alegando "violaciones" de las aguas de la administración griega y grecochipriota y también invitó a la Unión Europea a actuar en consecuencia sobre la crisis en Libia.

Las acusaciones de Francia, de que las actividades legítimas de Turquía en sus costas del sureste son "violaciones", no ayudan a fomentar la asociación regional y no ayudarán a resolver las controversias existentes.

Ver también: Chipre del Norte tacha de “provocativos” ejercicios navales de su vecina sureña en sus costas.

Tal vez el presidente Macron piense erróneamente que podría arrinconar a Turquía al emitir tales declaraciones. Sin embargo, la mayoría de los observadores, incluidos los europeos, han tomado sus declaraciones por lo que realmente son: tácticas defectuosas de sus políticas fallidas en Libia.

De hecho, el presidente Macron y su ministro de Relaciones Exteriores, Le Drian, pusieron todos los huevos de Francia en la canasta de Jalifa Haftar. Esto ha demostrado ser un error estratégico. Entonces, las declaraciones de Macron son simplemente un intento de desviar la culpa hacia Turquía, mientras esconden sus políticas mal pensadas debajo de la alfombra.

Otro obstáculo al que se enfrenta la colaboración regional es el problema de Chipre. Sin embargo, el pragmatismo aún puede prevalecer. Todas las partes pueden llegar a un entendimiento mutuo para explorar los recursos de hidrocarburos a través de una plataforma común, que involucre a expertos de todos los lados sin revivir enemistades pasadas.

Todas las partes interesadas de la región deben comprender que Turquía ha salvaguardado su posición estratégica y seguirá siendo parte de la ecuación energética en el Mediterráneo oriental. Cualquier ilusión de pasar por alto o marginar a Turquía debe abandonarse para siempre. Ankara siempre seguirá siendo una parte sólida de la ecuación energética en el Mediterráneo oriental. Por lo tanto, una situación global en la que todos salgan ganando para proporcionar prosperidad regional debe ser el único camino a seguir.

[Enes Yavuz es investigador asociado en TRT World Research Center]

*Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen al autor y no reflejan necesariamente la política editorial de la Agencia Anadolu.

*Maria Paula Triviño contribuyó con la redacción de esta nota.


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