Análisis

¿Irán y EEUU están al borde de una guerra?

Lo que hace que la situación sea realmente arriesgada no es el tema de las sanciones, sino una serie de acciones militares que van en escalada.

Dr. Can Kasapoğlu   | 29.05.2019
¿Irán y EEUU están al borde de una guerra? No es de sorprender que la actual administración estadounidense se haya retirado del acuerdo y optara por volver a imponer las sanciones que aquejan a la ya de por sí problemática economía de Irán. (Archivo Agencia Anadolu)

ESTAMBUL

Volvamos a revisar un factor crucial para poder entender mejor el enfrentamiento entre Estados Unidos e Irán. Durante su campaña presidencial, Donald Trump sostuvo de manera clara que consideraba que el Plan de Acción Conjunto y Completo (JCPOA), también conocido como el “acuerdo nuclear”, era un “acuerdo horrible y unilateral que nunca, nunca se debió haber hecho”.

Por lo tanto, no es de sorprender que la actual administración estadounidense se haya retirado del acuerdo, y optara por volver a imponer las sanciones que aquejan a la ya de por sí problemática economía de Irán.

Sin embargo, lo que hace que la situación sea realmente arriesgada no es el tema de las sanciones, sino una serie de acciones militares que van en escalada. En este momento, con un mal paso que se dé, cualquier representante iraní podría desatar literalmente un conflicto catastrófico.

En julio de 2018, el presidente de Estados Unidos se dirigió a su homólogo iraní, Hassan Rouhani, y escribió en su cuenta de Twitter: “Nunca jamás amenacen a Estados Unidos o sufrirán consecuencias que pocos a lo largo de la historia han sufrido. Ya no somos un país que defenderá sus palabras demenciales de violencia y muerte. ¡Sean cautelosos!”.

Después, el general Qasem Soleimani, de la unidad Quds de los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), respondió severamente. Desde la ciudad de Hamadán, el general opinó que Trump hablaba como un bartender o como el administrador de un casino, y que estaba por debajo de la dignidad del presidente de Irán el responder en especie. Peor aún, Soleimani amenazó abiertamente a Estados Unidos. Dijo que, aunque Washington podría iniciar una guerra, sería Teherán quien sellaría el destino del conflicto que daría lugar a una pérdida total de capacidad para los estadounidenses.

En esta ocasión, el ojo por ojo no se limitó a un intercambio de palabras. En abril de 2019, la administración estadounidense designó a los IRGC como una organización terrorista extranjera. Respondiendo a la medida estadounidense, Teherán respondió de inmediato y designó al Mando Central de los Estados Unidos (CENTCOM) como una entidad terrorista.

El mes siguiente, la administración de Estados Unidos optó por desplegar (acelerar el despliegue, para ser más precisos) el grupo de ataque USS Abraham Lincoln, junto con algunos otros activos militares en el Golfo. El gobierno de Estados Unidos afirmó que lo hizo al recibir información confiable que sugiere ataques por parte de Irán o las fuerzas estadounidenses en la región. Cuando el grupo USS Abraham Lincoln y su grupo de asalto zarparon, el Secretario de Estado Mike Pompeo visitó Irak. Allí, Pompeo expresó su profunda preocupación por la creciente postura estratégica y el intervencionismo de Irán en la región.

En el momento de redactar este informe, el Pentágono se estaba preparando para enviar unos 1.500 soldados a Oriente Medio y la administración de Trump declaró ventas de armas de emergencia por un valor de USD 8.100 millones a Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos. Por último, pero no por ello menos importante, Washington también ha intensificado las sanciones contra Irán atacando recientemente las exportaciones de metales industriales de Teherán.

Conceptos de Irán y su gran comprensión estratégica

Irán, al igual que Rusia en cierto punto, ha estado persiguiendo una estrategia compleja que apunta a asegurar los fines defensivos a través de medios ofensivos. La razón subyacente para un enfoque tan sofisticado se basa en la visión geopolítica de la élite iraní, muy sensible a la interferencia extranjera.

Para cumplir con sus grandes ambiciones estratégicas, Teherán tiene que quitar la competencia de su territorio nacional y estar preparado para actuar de manera desagradable.

Irán tiene que demostrar que, si se ve acorralado, podría hacer que todo Oriente Medio se quede en llamas. Aquí es donde los IRGC, y en particular su rama de las Fuerzas Quds, intervendrían.

El activismo estratégico regional de Teherán se centra en la capacidad de las Fuerzas Quds para organizar grupos de milicias aliadas más allá de las fronteras de Irán. En particular, algunos expertos ven estos esfuerzos como la propia “clonación” de los IRGC, al igual que el icónico personaje del Agente Smith en la popular trilogía de Matrix.

Aprovechando la actual agitación en Oriente Medio, las Fuerzas Quds, del General Soleimani, se han esforzado por organizar varios grupos armados en Siria, Líbano, Irak y Yemen. Además, un número considerable de milicianos chiitas, que fueron reclutados en Afganistán y Pakistán, se han desplegado en Siria, formando la División Fatimioun y la Brigada Zainabioun. Algunos informes sugieren que la mayoría de estos militantes chiítas afpak eran de hecho refugiados y migrantes en Irán.

Sin lugar a dudas, el Hezbolá libanés sigue siendo el trabajo más exitoso de los IRGC, así como los elementos ofensivos iraníes en un contexto más amplio. A lo largo de las décadas, el Hezbolá libanés se ha convertido en un actor muy capaz que incluso logró desangrar a las Fuerzas de Defensa de Israel en 2006.

Además de proporcionar capacitación y recursos humanos en las zonas de conflicto, Irán también organiza el mayor flujo de armas a grupos no estatales en Oriente Medio. Los IRGC ofrecen una amplia gama de elementos tácticos que pueden generar cambios radicales, desde cohetes hasta vehículos aéreos no tripulados y misiles antiaéreos, hasta sus representantes.

El Hezbolá libanés, por ejemplo, tiene miles de piezas de cohetes de artillería y misiles balísticos tácticos. Del mismo modo, gracias a la experiencia iraní, los hutíes ahora disfrutan de cientos de kilómetros de alcance de misiles balísticos. Además, en algunos incidentes, los representantes yemeníes de Irán mostraron conceptos complejos de operaciones (CONOPS), como dirigir ataques con drones a los radares de los sistemas saudíes antes de lanzar salvas de misiles. Sin lugar a dudas, tales tácticas revelan una diligente asistencia de los IRGC a la campaña hutí.

Irán ha desarrollado durante mucho tiempo capacidades para bloquear el Estrecho de Ormuz, un importante punto para el comercio de hidrocarburos. En la actualidad, esta capacidad se ha extendido al Estrecho de Bab-el Mandeb. En 2016, las milicias hutíes lanzaron misiles antiaéreos contra buques estadounidenses y de los Emiratos. En 2017, atacaron un barco saudí en el Mar Rojo (algunos expertos afirman que Omán se ha convertido en una de las principales rutas de contrabando para transferir misiles antiaéreos a Yemen). Cualquier intento de bloquear las dos vías estratégicas podría sacudir profundamente la economía global.

La proliferación de misiles balísticos de Irán sigue siendo otra fuente de gran preocupación para la seguridad regional. Desde un punto de vista militar, estas armas ofrecen medios ideales de entrega para ojivas de Armas de Destrucción Masiva (WMD por sus siglas en inglés), incluidos misiles con carga nuclear. Más importante aún, el cálculo entre los misiles balísticos y los sistemas de defensa de misiles es un delito dominante. En otras palabras, ningún sistema de armas estratégicas defensivas podría proporcionar a los competidores de Irán una opción perfectamente segura.

Las fuerzas de misiles de los IRGC han desplegado muchos sistemas de propulsores sólidos móviles y de carretera en los últimos años. De hecho, dichos activos se utilizaron en el ataque en Deir-ez Zor de 2017, conocido como la Operación Laylat al-Qadr, que fue el primer ataque con misiles de Teherán más allá de sus fronteras desde la Guerra entre Irán e Irak, que se dio en la década de los 80.

En general, Irán disfruta de una caja de herramientas muy peligrosa para perseguir sus ambiciones geopolíticas.

Lo que tiene en mente la administración de Trump

Simplemente, a través de su estrategia de “máxima presión”, la actual administración estadounidense pretende obligar a Irán a firmar un “nuevo acuerdo” que reemplace el JCPOA. Como se mencionó anteriormente, el presidente Trump y su equipo ven fallas importantes en el acuerdo nuclear; por ejemplo, el ángulo del misil perdido o que Irán deje de apoyar a los grupos armados no estatales.

Una cosa está clara. El equipo de seguridad nacional de Trump, encabezado John Bolton, son probablemente las personas más anti-iraníes y agresivas que uno podría pedir. Sumado a este hecho, el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, acaba de asegurar otro periodo de Gobierno en Israel, mientras que los saudíes y los emiratíes también tienen fuertes líderes en Irán. En otras palabras, no hay falta de voluntad política para volverse extremadamente coercitivo en Teherán.

La etapa militar también es digna de mención. Además del grupo de ataque USS Abraham Lincoln, Washington ha desplegado bombarderos estratégicos B-52 en la base de al-Udaid en Catar, así como más aviones de combate F-15C en la base de al-Dharfa en Emiratos Árabes Unidos (se debe tener en cuenta la presencia de los F- 35 en la misma base). El New York Times informó que el Pentágono planeaba enviar alrededor de 120.000 soldados en caso de que ocurriera un ataque contra los activos estadounidenses desplegados en la región.

De hecho, hay incluso un aspecto más crítico de la estrategia de “máxima presión” de Trump. El Gobierno dejó en claro que responsabilizaría a Irán por las acciones de sus representantes. Bueno, esto es un cambio de juego, ya que descarta cualquier posibilidad de negación plausible, y sigue siendo igualmente vulnerable a las provocaciones y falsas banderas. Un ataque de algún representante en un momento y lugar equivocado podría provocar una espiral catastrófica de conflictos. Hasta entonces, uno podría esperar más escaladas, pero no una guerra por parte de Estados Unidos: bien por Irán.

Can Kasapoglu es un analista de defensa del Centro de Economía y Política Exterior, un grupo de expertos con sede en Estambul.

*Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no reflejan necesariamente la política editorial de la Agencia Anadolu.

*Daniela Mendoza contribuyó en la redacción de esta nota.

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